viernes, 6 de diciembre de 2013

Sola Con La Luna (1)

28 de Noviembre de 2013

"La política agraria. ¿A mi qué coño me importa la política agraria?" pensaba Lucía. Por más que lo intentaba no lograba prestar atención en geografía. Además, la acababan de cambiar de sitio y se sentía extraña. Había pasado de primera a última fila y no se acostumbraba, la clase la parecía mucho más grande y temía desconcentrarse. Aunque bueno, con siete suspensos de ocho asignaturas que tenía tampoco iba a haber mucha diferencia. Su madre la había mandado un Whatsapp dicéndola que ya habían colgado las notas. "Qué desastre de evaluación". Aprovechando que estaba en última fila, sacó el móvil. Estaba hablando con Leire. Leire era una chica que había conocido hacía siete años en un campamento de la Iglesia de su antiguo colegio. No resultaría irónico si no fuera porque ambas eran ateas. Su amistad fue tomando forma durante los dos primeros veranos y se consolidó hacía cinco años, en el mismo campamento, entre besos y caricias en la oscuridad de una habitación con ocho personas más en una noche de Julio en Zamora. A partir de ahí habían vivido muchas cosas, pero jamás habían vuelto a ser solo amigas. De hecho, el viernes pasado habían quedado y parecían realmente una pareja. Leire había prometido ir a recogerla de clase un día y rezaba para que ese fuera el día, ya que entre unas cosas y otras no iban a poder verse en todo el fin de semana. Pero ella no decía nada. "No vendrá hoy..." pensaba entristecida, "y encima está siendo el jueves más largo de la historia". Los jueves Lucía salía de clase a las 15:10 en vez de a las 14:15 como el resto de los días, y entre el cambio de sitio, las asignaturas que la tocaban y las ganas de ver a Leire los minutos se la atascaban en la parte superior de la pantalla del móvil. Todavía la quedaban quince minutos en aquel aula. De pronto cayó en la cuenta de que tendría que enfrentarse a su madre y su enorme enfado, totalmente justificado, por sus notas. "Mierda, solo quedan catorce minutos". Desde ese momento no logró volver a atender, aunque escuchaba de fondo las impertinencias de su compañera Noelia, las ingeniosas respuestas del profesor y la risa inconfundible de su amiga Alejandra. "Cinco minutos..." Decidió comenzar a recoger, sin prisa, despacio, como si analizara una a una las cosas que iba metiendo en la mochila. Justo en el momento en el que la cerraba tocaba el timbre. Se levantó y se puso el abrigo.
- Gordas, os espero abajo, necesito un cigarro.
- ¿Pasa algo?-preguntó Lana preocupada. Lucía siempre las esperaba.
- Mi madre ya ha visto las notas...-Lana asintió. Lo comprendía perfectamente.
Miró el móvil. Dos malas noticias. Su amigo Kenzo no podía pasarse por su casa esa tarde y su madre la estaba esperando en la puerta. "Ánimo Lu". Se encontró con Shathu al salir de clase y bajaron juntos. Le contó las buenas nuevas.
- Joder, pues mucho ánimo. ¿Te vas ya entonces?
- No, me espero a fumarme el cigarro y ya parto hacia mi cruel destino.
Shathu soltó una carcajada. Flor giró la esquina y Shathu salió corriendo a su encuentro, mientras Lucía le seguía con más calma. Flor era una chica que antes iba al colegio. Lucía y ella habían sido grandes amigas hace unos años, hasta que Lucía conoció a Carol. La dio bastante de lado, y Flor tardó en perdonarla, pero volvían a llevarse bien. "Carol... uhm...". Recordó que iba a pasar a verla el sábado. O no, no sabía. Tenía que pensarlo.
- ¿Qué tal chicos? ¿Ya habéis acabado los exámenes?
- Si, por fin, ya era hora. ¿Tú qué tal?
- Bien, estoy a ver si me renuevan el contrato, que me quedan dos meses.
- ¿Hasta Enero?
- Si, hasta Enero,...
Lucía dejó de escucharles. Buscaba con la mirada a Leire, pero no, no había ido. La decepcionó bastante, pues tenía tiempo de sobra para hacerlo. "Parece ser que no me echa tanto de menos como decía...".
- ¿Lucía?-la voz de Flor la sobresaltó.
- ¿Qué? Perdona, andaba en mis cosas-los dos se rieron, era típico en Lucía.
- Ya vemos. Decía que qué tal han ido los exámenes.
- Um... eso no se pregunta, es de mala educación-comenzaron a reírse los tres.-Te lo digo cuando haga las recuperaciones.
- Está bien-aún se reía entre dientes.-¿Los has empezado ya?
- Si, ayer tuve economía, y mañana toca mates.
- ¿Y qué tal?
- No sé, creo que bien, pero estoy acojonada-apagó el cigarron tirándolo al suelo.-Me voy chicos, hasta mañana.
-Hasta mañana Lu, ¡suerte!
Lucía les dedicó una sonrisa mientras se alejaba. Vio el coche de su madre aparcado delante del estanco. Sorprendentemente, no la dijo nada más sobre sus notas a parte de preguntarla si las había visto. La preguntó también si sabía ya las fechas de las recuperaciones y después dejó el tema. Fueron a recoger a su hermano a casa de un amigo y la madre de Lucía dejó a los dos en casa y volvió al trabajo. Después de comer Lucía se preparó para empezar a estudiar y Gonzalo, su hermano, montó la Play Station 3 que le acababan de regalar. Se presentaba una tarde bastante aburrida.

A las nueve decidió que era hora de dejar de estudiar por ese día y que ya tocaba bajor a los perros. Salió de su habitación y se dispuso a pasar frío. Eran las 21:27 cuando sonó su móvil. Whatsapp.

Olaaa
No se a q viene eso de hablarme ahora
Si me dejaste claro q no kerias saber nada de miiii
No se si ire al concierto

"Mierda, Derek". Derek era un chico brasileño con el que había estado saliendo durante dos años. Lo habían dejado hacía ya cuatro meses, pero Lucía aún le quería. Era un chico de pelo rizado y moreno, de ojos oscuros, poco más alto que Lucía, deportista hasta que se lesionó la rodilla, y al que le encantaba salir a bailar, beber con sus amigos y cuidarse. Lucía siempre le llamaba pijo, aunque no lo era. Siempre cuidaba mucho su ropa, cómo se vestía, cómo se peinaba, todos los pequeños detalles. La mayoría de las veces que salían, Derek tardaba más en arreglarse que Lucía. Cuando lo dejaron, al principio dejaron de verse. Parecía la opción más fácil, y la menos dolorosa. Más tarde volvieron a verse y acabaron etiquetándose como "follamigos", o "amigos con derecho a roce", como prefiráis. Poco después se volvieron a separar, porque ninguno de los dos había olvidado al otro y empezaba a doler. Lucía conoció a Jarne, un chico que vivía a unos 30 minutos de ella en metro y con el que tenía mucho en común. Conectaron en seguida y empezaron juntos. Nunca habían hablado de qué eran o dejaban de ser, simplemente eran Jarne y Lucía, se lo pasaban bien juntos, podían hablar de cualquier cosa y estaban a gusto así, no hacían falta etiquetas. Además, Lucía siempre ha estado totalmente en contra de ellas, pues piensa que algo no es más importante o especial por ponerle nombre, sino por cómo te haga sentir. Llevaban ya un par de meses, todo iba genial, pero de pronto, por unas cosas u otras dejaron de verse. En ese tiempo Derek volvió a aparecer y volvieron a lo mismo de antes. Hacía un mes él la pidió volver. Ella le dijo que no, aunque le dio la oportunidad de demostrarla que había cambiado. No lo había hecho. La semana pasada habían acabado discutiendo a lo grande y Lucía le había dicho de todo. Y no de las mejores formas. Dejaron de hablarse, pero tres días después Lucía le llamó para pedirle perdón, no por lo que le había dicho, sino por cómo se lo había dicho. Parecía que estaban más o menos bien. Hacía un par de días Lucía vio anunciado un concierto para el próximo 21 de Marzo de su cantante favorito y le había mandado un mensaje informándole. Sabía que le gustaría saberlo, pero estaba claro que no de ella.

Ok
Pues perdona
Creí q querrías saberlo
___________________

Haaa nada mas
Valeee
Siii muchas gracias
Me alegra saber q te va bien
Supongo
Por tu estado
____________________

Y dq sabes si me va bien o mal? Solo por eso?
Eh, q ya me has dejado claro q te molesta q te hable
Ya no hace falta q seas amable
_____________________

Sabes cómo soy
Y soy asi
Pero bueno
No te preocupes
_____________________

Así de borde o así de amable?
Pq has sido las dos cosas
_____________________

Así de amable
_____________________

Pues has sido realmente borde
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Lo sientooooo
_____________________

Después dq te llamase pidiéndote perdón por lo q pasó
_____________________

Entiéndeme, me pusiste de hijo de puta para arriba
_____________________

Si lo sé me ahorro la llamada
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Bueno pues nada
Anda, cuídate
_____________________

Si te puse de hijo de puta para arriba, no sé para q te preocupas
_____________________

Es verdad
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Está claro q pedirte perdón a ti no sirve de nada
Asiq no sé q haces todavía con ese estado

Derek había puesto de estado "Alguien me dijo alguna vez que dos ex no podían ser amigos... al final tenía razón... es una pena". Según leyó el comentario de Lucía lo cambió por "Me alegra volver a besar tus labios".

Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres
Si yo te perdono
__________________

Una mierda
Si se perdona no se restriega
Pero está claro q tenemos conceptos distintos
Y a q viene lo de "Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres"???
__________________

Nada
Ya nada
Ha sido un error hablarte
Siento haberte molestado

En ese momento Lucía vio su nuevo estado. No podía estar más furiosa.


Eres un hijo de puta, un cabrón, un hipócrita y un mentiroso de mierda
Me saltas con lo de "Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres"
Y pones ese estado?
Y te atreviste a pedirme perdón y a decirme q me amabas, a la cara
Espero q te vaya bien siendo así de falso por tu mierda de vida
No vales ni de comida para cerdos
___________________

Como te gusta jugar conmigo
Las mismas cosas de la última vez
___________________

Perdona? Quién dices q juega con quién?
Yo al menos no te miento en la puta cara
Yo te digo te quiero y lo digo porque lo siento
Y no pongo a la semana estados como el tuyo

Se acabó. Derek bloqueó a Lucía. Pero ella tenía aún cosas que decirle. Con las lágrimas en los ojos, le pidió el móvil a su hermano, entró en el Whatsapp de Derek y le mandó el último mensaje. Sabía que mandárselo implicaba que según lo viese bloqueara también a su hermano. Esperaba que al menos lo leyese entero. Tenía que pensar muy bien, una a una, cada palabra que dijera. Era su última oportunidad para decirle lo que pensaba y sentía, o al menos lo que quería que él supiera que pensaba y sentía, pues esperaba no volver a tener que verle ni hablar con él. Diez minutos después el mensaje estaba listo para ser enviado. Llorando ahora más fuerte, pulsó la tecla que enviaría las últimas palabras que pensaba dirigirle.


Gracias por bloquearme. El que ha jugado conmigo has sido tú. Si realmente amas a alguien no la olvidas tan rápido. No creo ni que te imagines el daño que me has hecho ni el dolor que siento ahora mismo. Te pedí perdón, pero para ti no es suficiente. Tienes razón, dos ex no pueden ser amigos, al menos no así. Espero que te vaya muy bien sin mi, aunque está claro que así es. A diferencia de ti, yo aún te quiero, y de verdad, no como tú. Por desgracia yo no olvido tan fácilmente. Ójala, así ahora mismo no dolería tanto.

Le dolía enormemente el pecho. La costaba respirar. No entendía cómo podían haber acabado así dos años de relación. Sabía que no había sido una buena relación, habían tenido muchos problemas y lo habían dejado muchas veces, pero no creía que fueran motivos suficientes para acabar de este modo. Aún así, se alegraba en parte porque significaba que ya todo había acabado. Leyó varias veces el mensaje que le había enviado, esperando a ver si se conectaba, pero no lo hizo. Llevaba llorando alrededor de una hora cuando recibió un Whatsapp. Era Kenzo.


Wolas
Q tal la tarde?
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No me pillas en buen momento..
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Q pasa?
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Derek..
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Otra vez? Cuéntame
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No sabría q decirte..
Bueno, q soy gilipollas, pero eso lo sabemos todos
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Pq dices eso?

 Lucía le contó todo lo q había pasado. Kenzo había vivido gran parte de todo lo que había pasado desde que lo dejó con Derek, pues como él era muy celoso no podían quedar a solas, y no tenían muchos amigos comunes. Conoció a Kenzo por su anterior ex, Borja. Eran los mejores amigos. Lucía y él siempre se habían llevado bien, pero desde hacía alrededor de un año habían empezado a hablar y congeniar más. Kenzo era un gran chico, y siempre la había apoyado en todo, y ella trataba de hacer lo mismo con él. Tenía muchos problemas de autoestima, pues antes, cuando Lucía le conoció, padecía sobrepeso y eso conllevó muchas burlas por parte de otras personas. Ahora sin embargo había crecido, era bastante más alto que Lucía, había adelgazado muchísimo y, al parecer de Lucía, estaba guapísimo. Era un chico grande, de espaldas anchas, pelo oscuro y rizado que llevaba normalmente muy corto y ojos claros. A Lucía le encantaban sus ojos. Además, era un chico dulce, completamente fuera de los estereotipos, y con el que se podía hablar de todo. Tras contarle lo que había pasado hacía una hora ya con Derek, Kenzo enfureció. Tardó mucho en contestar, Lucía empezó a ponerse nerviosa. En su pantalla veía constantemente el mensaje "escribiendo..." debajo de su nombre, pero no recibía nada. Al fin llegó.

La gilipollas en toda esta historia no me parece que seas tú precisamente.
No podías saber que podría llegar a ser tan cruel, utilizando lo que aún sintieses por él para intentar algo contigo teniendo ya otra en la recámara con la q "consolarse" si no conseguía nada contigo. A saber a cuántas más tiene así. Una cosa ten clara, no te va a olvidar, le has marcado, dudo que nadie le vaya a aguantar tanto tiempo como lo has hecho tú, con todo el daño que te ha estado haciendo estos años. Espero que de verdad le duela haberte perdido porque q quieres q te diga, seguro q su nueva "adquisición" no vale ni la mitad q tú, ni le hará sentir como le hiciste sentir tú. Ojalá se tire el resto de su miserable vida intentando desesperadamente buscar a cualquier mujer q se parezca a ti, sin conseguirlo, pq no lo hará. No tiene ni idea de la persona q ha perdido a pulso, pq se lo ha buscado él solito. Y Lucía, escucha, no sé si seré el más indicado para decírtelo pero..
Yo no volvería ni a pensar en él, o hablar con él. Eso será lo que más le duela. No sé si estoy siendo demasiado duro, pero es lo que de verdad pienso. No se merece que le vuelvas a dirigir ni una palabra, y mucho menos que derrames una sola lágrima más por él, porque estoy seguro dq ahora mismo estás llorando, y no se lo merece. Sé que no le vas a olvidar de un día para otro, no te pido eso, pero sabes q el tiempo lo cura todo, lo comprobaste con Borja, eres fuerte y sé q puedes con esto y con todo lo q te echen. Asiq sonríe, sigue con tu vida, y no te preocupes q encontrarás a alguien q te quiera y valore de verdad.

Tras leer todo esto, Lucía no pudo evitar romper a llorar mucho más fuerte. Esta vez no era solo dolor, era también alegría, no podía creerse tener un amigo como él. Tras un buen rato hablando con él se sentía mucho mejor. De hecho, la conversación derivó en los problemas de autoestima de Kenzo. Pero era un tema demasiado largo, y a Lucía no le gustaba mucho hablar esas cosas por Whatsapp, asíque decidieron quedar al día siguiente. Era casi la una de la mañana cuando al fin se despidieron, y Lucía decidió que debería irse a la cama, a intentar dormir un poco, pues al día siguiente tenía que levantarse a las siete y tenía la recuperación de matemáticas. Bloqueó el teléfono y se metió en la cama. No llevaba ni diez minutos cuando sonó su teléfono. "No me lo puedo creer". Era Borja, que la daba un toque para que se conectara. Siempre hacía lo mismo. Como Lucía antes de dormir apagaba los datos para que no la llegaran Whatsapp que pudieran molestarla, si Borja la mandaba alguno y veía que no los recibía la daba un toque. "Al menos esta vez no son casi las tres de la madrugada. Algo es algo". Se conectó. Resultó que solo quería saber qué hacía ese finde, para ver si podían quedar el viernes a "sus horas de siempre" como decía él. Esas horas eran ni más ni menos que las dos de la mañana más o menos. Esa tradición comenzó cuando, después de que él la dejara, empezaron a quedar los días que la madre de Lucía no dormía en casa sobre las doce. Pero cada vez él llegaba más tarde, y un día Lucía le dijo que si se presentaba más tarde de las dos no le abriría la puerta. A partir de ahí Borja nunca llegó más tarde de esa hora y, si lo hacía, la llamaba para avisarla y decirla que si quería se fuera a la cama. La verdad es que era un encanto, y aunque hasta hacía relativamente poco, pues lo habían dejado hacía ya tres años y medio, ella había seguido en mayor o menor medida enganchada a él, él siempre se portó bien con ella, siempre la dejó las cosas claras y no la dio falsas esperanzas en ningún momento, aunque estuvieron de rollo hasta que ella empezó con Derek y quedaron varias veces en los momentos en los que ella y Derek lo dejaban. Hacía unos nueve meses que Borja había empezado con una chica, la primera después de Lucía, y la segunda. Lucía fue la primera para él. Cuando Borja empezó con ésta chica, Irenca, dejó de hablar a Lucía durante los seis primeros meses. Ahí fue cuando Lucía consiguió olvidarle por completo. Cuando lo dejó con Derek volvieron a hablar, aunque no habían quedado ni un solo día desde entonces. En parte, Lucía lo evitaba porque temía volver a caer, tenía casi seguro que le había olvidado pero no quería arriesgarse.

No sé si podré quedar, mi madre no me ha dicho nada dq vaya a irse
Y estas prisas q te han entrado de repente de verme?
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Tía, pues k hace mazo k no te veo y yo k sé
Además, kería hablar kontigo de una kosa
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De qué?
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Es sobre mi chica, y no sabía a kien rekurrir
Pero no kería kontarlo por akí

Al final Borja acabó  contándoselo por Whatsapp. No era nada grave, pero él era dado a preocuparse mucho y enseguida. Acabaron hablando de todo un poco, él le contó el problemilla con su chica, y que volvía a estar de broncas en casa con su madre. Ella le contó todo lo de Leire, y lo que había pasado esa misma noche con Derek. Nunca habían hablado así, tan abiertamente, pues la última vez que hablaron de verdad, sin porros de por medio y de algo que fuera un poquito serio Lucía seguía enamorada y Borja lo sabía, por lo que ambos cuidaban mucho todo lo que decían. Eso hacía que la comunicación fuera más complicada de lo que debería y al final siempre acababan hablando de chorradas. Sin embargo, esa noche todo era diferente. La conversación fluía sola, ninguno de los dos pararon a pensar si algo que dijeran podría hacer daño o sentarle mal al otro, hablaron como dos verdaderos amigos por primera vez en muchos años. Quizá la primera vez, pues aunque hacía ya siete años desde que se conocieron, Borja se enamoró de ella al poco tiempo y nunca pudieron volver a hablar como amigos. Un año después empezarían a salir, y año y medio más tarde Borja la dejaría. Tener esa conversación ahora significaba mucho para los dos, cambiaba totalmente la manera de tratarse y la simple idea de poder volver a quedar y no hacerse daño mutuamente les hacía ilusión a ambos. Sin embargo, tardarían en acostumbrarse, lo tenían claro, pues quisieran o no siete años pesan mucho.

Me alegra poder hablar así kontigo
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Lo estaba pensando. A mi también..
En algún momento tenía q olvidarte capullo!
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Jajaja cierto cierto
Entonces kedamos así, si tales me mandas un mensaje?
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Claro :)
Me voy a dormir ya, si su majestad me lo permite
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Jajajaja claro k si tía
Cuídate mucho y si hay suerte te veo mañana
Un besito fea
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Un beso idioto, cuídate

 Volvió a apagar los datos y se metió en la cama. Hacía frío, asique se acurrucó y se tapó con la manta hasta la cabeza. Poco después su gato, Janus, se intentó acomodar a su lado, asique Lucía sacó la cabeza y un brazo, esperó a que Janus se colocara y le abrazó. Siempre dormían igual. La primera noche que él pasó en casa, hacía ya tres años y medio, Janus estaba muy nervioso y asustado por estar en un lugar nuevo con personas que no conocía. Tenía a penas un mes. Se escondió en un rincón de la habitación de Lucía todo el día, y por la noche, cuando ella se tumbó y ya se había quedado dormida, él salió del rincón. Subió a la cama y la olisqueó el pelo. Lucía se despertó y Janus salió corriendo. Se levantó de la cama despacio, Janus intentaba meterse aún más en el rincón, asustado. Ella se acercó despacio y se puso en cuclillas delante de él.

- Hola pequeño, ¿sigues con miedo? Yo también me siento así, pequeña, indefensa, sola... Pero no tienes de qué preocuparte, estoy aquí para cuidarte y darte todo el cariño que pueda. Y lo voy a hacer siempre, te lo prometo. Asique tranquilo, que cuando quieras salir de ahí yo estaré por aquí esperándote para darte mimos.

Sabía que si le forzaba a salir sería peor y tendría aún más miedo, asíque prefirió dejarle ahí y que saliese cuando quisiera por su propio pie. Sabía que en algún momento empezaría a desaparecer ese miedo totalmente entendible que sentía y se soltaría. Había que darle tiempo. Volvió a meterse en la cama y, poco después, Janus subió también. Comenzó a olisquearla el pelo de nuevo. Lucía subió la cabeza despacio, él se asustó y se alejó un poco.

- Ven anda, no te voy a hacer nada malo.

Poco a poco se fue acercando, Lucía alargó la mano y él se agachó asustado de nuevo. Ella no hizo caso a su miedo y puso su mano sobre él, le acarició por primera vez y Janus empezó a ponerse recto de nuevo. Se acercó un poco más y Lucía se tumbó en la cama. Él se colocó en el lugar en el que a partir de ese momento dormiría todas las noches a su lado. Sin dejar de acariciarle con una mano, Lucía sacó la otra, se acurrucó junto a él y le abrazó. Empezó a ronronear y Lucía, por primera vez, se durmió escuchando ese sonido sin el que ahora no sabía conciliar el sueño. Ahora ella no sabía dormir sin él, se sentía rara y extraña cuando dormía en otros lugares, sin poder abrazarle. Era como si la faltara una parte de sí misma. Le quería a rabiar. Abrazada a él como estaba, no pudo evitar sonreír al recordar todo esto y, después, pensó en el día que había pasado. Derek, Kenzo, Borja... Eran más de las tres de la mañana cuando al fin se despidió de Borja. Aquel día habían pasado muchas cosas, y la realidad era que no todas eran malas. Las cosas empezaban a cambiar. Se levantó un segundo y escribió lo que ella denominaba "la frase del día". No todos los días tenían frase, había días en los que no pasaba nada reseñable, pero la mayoría si. Cogió su pequeño cuaderno de tapas negras y hojas de colores, apuntó la fecha y escribió: "Antes de que te des cuenta todo habrá cambiado para siempre".
Volvió a meterse bajo la manta, cerró los ojos y, con ellos, aquel día tan largo.

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