Tantas cosas pasan de repente.. sin avisar, sin esperártelo. Donde, como y cuando jamás imaginarías. Y pasa. Y quizá no sabes cuándo exactamente, pero sabes que lo cambió todo.
Ya no es ese muchachito tan gracioso y majo que ves todos los días, ahora es esa sonrisa estúpida en tu cara y las ganas irrefrenables de abrazarle. O más bien de que te abrace. Y cualquier excusa es buena, no te vayas a creer. Hasta que llegas al "porque me apetece". Ahí ya no hay marcha atrás, hagas lo que hagas y pase lo que pase no le volverás a ver igual.
Es tan extraño.. de pronto, todo el eje de tu mundo se mueve, y todo cambia de sentido.Y te da igual el tiempo que haga, la gente que haya delante.. simplemente llega un momento en el que no puedes controlarlo. Ni tampoco evitarlo, te da igual lo que piensen. Es lo que sientes, ¡que digan lo que quieran!
Pero solo tú sientes eso. Estúpido Ángel.. ¡Caíste para protegerle, no para enamorarte! Tarde. ¿Por qué no avisaron esto? Deberían advertir de que algo así podría pasar..
Lo más gracioso, es que de todos los que lo están leyendo, eres tú el único que puede llegar a entenderlo. Irónico. Como todo lo que me rodea, ¿no? :)
Si, supongo. Mi vida suena a comedia barata. No importa. Ante todo, optimismo. Si a mi estas gilipolleces se me pasan rápido..
Y en fin, esas cosas que pasan cuando te enamoras.
No es gran cosa, solo es un blog de sentimientos, recuerdos y de historias maravillosas. Bienvenidos a mi pequeño mundo.
viernes, 28 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, III capítulo)
Gracias al ángel, en menos de una semana logró construir un pequeño diario en el que iba añadiendo cada detalle que iba recordando.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
Los Dos Eternos (III parte, II capítulo)
+¡Príncipe!
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, I capítulo)
Pasó el tiempo, ella seguía yendo a ese lugar, aunque cada vez con menos frecuencia. De tanto pensar y pensar en aquellos momentos, los recuerdos se habían desgastado. A penas podía recordar su rostro.. Y poco a poco fue perdiendo importancia, y con la importancia fue borrándose el dolor, aunque siempre le quedaría una pequeña espinita en el corazón, por muy de acero que éste fuera.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Los Dos Eternos (II parte, IV capítulo)
No tardó mucho la princesa en dejar de serlo. Empezó una relación con ese nuevo chico que había entrado en su vida. En el fondo, ella sabía que no la llenaba, ni la llenaría, pero decidió que, si no podía estar con quien quería, al menos le daría una oportunidad a quien la quería.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
Los Dos Eternos (II parte, III capítulo)
La vida pasaba insípida ante los sentidos de la princesa. En muy poco tiempo conoció a muchísima gente, demasiadas historias, y se dejó llevar. Cerró con llave la puerta de sus sentimientos, para que nadie más pudiera volver a romper su mundo de cristal, aunque la verdad es que los pedazos se quedaron donde el príncipe los dejó. No se molestó en intentar recomponerlo, de hecho, ni si quiera se agachó para recogerlos. No merecían la pena...
Quería volver a ser la que era, antes de tener ese estúpido sueño, olvidarlo y continuar donde lo dejó. Puso todo su empeño, pero no lo logró. Ese sueño se repetía en sus adentros, inconscientemente, condenándola a recordarlo eternamente, haga lo que haga, intente lo que intente. Aún sin darse cuenta.
Decidió crear un nuevo mundo propio, pero éste no sería de cristal. Eso ya lo pensaría.
Por el momento, se conformaba con no pensar, con no sentir, dejarse llevar por las palabras de aquellos desconocidos a los que, sin saber muy bien por qué, llamaba amigos, aún sabiendo que tarde o temprano la abandonarían también. Supongo que lo hacía porque el momento, eran una buena excusa para mantener a la mente y al corazón alejados de todos esos recuerdos, dulces y dolorosos, que trataba de evitar a toda costa.
No tardó mucho en acostumbrarse a esa nueva situación. Y tampoco en conocer a cierto chico, no recuerdo su nombre, que en pocos días la llenó por completo la cabeza con su imagen. La princesa tenía miedo, pero aún así decidió seguir ese pequeño juego en el que había entrado sin querer, solo porque sabía que, si pensaba en otro, no pensaría en su príncipe, ese príncipe que la abandonó.
-¿Qué debo hacer? No quiero volver a caer... pero lo haré decida lo que decida. Incluso si me quedo quieta. Al fin y al cabo, no hacer nada es otra forma de elegir... Si paso de esto, seguiré con la cabeza en mi príncipe, seguiré destrozándome por dentro con cada segundo que pase, como he hecho estos últimos años. Pero si sigo, puede que el remedio sea peor que la enfermedad. Puede que me vuelvan a abandonar. Y esta vez sería peor... No, si ya lo decía yo. No te enamores, solo hay mucho que perder.
Y decidió lanzarse al vacío... una vez más. Completamente a oscuras. Y completamente sola.
Y así cambió pensar por dejarse llevar, y poco a poco su corazón se cubrió de hielo y acero. Aunque creía sentir amor, en realidad solo era una fantasía, un engaño de su cerebro. No es tan raro de entender, al fin y al cabo, ella necesitaba desesperadamente sentirse querida, y encontró unos brazos en los que proyectar esa ilusión. Pero al menos, con esa ilusión, era feliz.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (II parte, II capítulo)
Se había recorrido cada palmo del país, estaba segura de que no había salido, se habría enterado.
Decidió visitar una vez más el bosque, por si acaso la melancolía empezaba a hacer mella en él. Quizá con un poco de suerte...
Cada árbol de aquél lugar le recordaba a su olor. Con cada paso el dolor se hacía más grande. ¿Y si no lograba encontrarle? ¿Y si él no la recordaba? No debía venirse abajo, pero resultaba tan difícil...
Se recorrió el bosque dos o tres veces, pero no encontró nada, ni a él ni ningún indicio de que él hubiera estado allí. Casi no recordaba el tono de su voz...
Tras llevarse otra desilusión en el bosque de los sueños, recorrió de nuevo cada uno de los lugares a los que habían frecuentado cuando aún eran felices juntos. Parecía que una eternidad había pasado por ellos. Estaban abandonados, llenos de polvo y de soledad. Ya no significaban nada. Habían sido olvidados, porque los lugares pierden su mágia cuando la persona que los hacía especiales ya no está a tu lado. La princesa estaba segura de que si le encontraba podrían volver a dar vida a todos estos lugares, a todos los sentimientos, a todos los recuerdos..
No estaba en ningún lado. ¿Cómo podía ser? Una persona no puede desaparecer así porque si...
La esperanza se apagaba. A veces la costaba recordar por qué luchaba. Había olvidado la voz de su príncipe por completo, y a penas recordaba sus ojos y su sonrisa. De vez en cuando la parecía oler su aroma, pero cuando se giraba nunca estaba él. Empezaba a pensar que deliraba, que realmente aquello solo había sido un sueño. Un sueño enfermizo, que había acabado completamente con su juicio.
+Ya está claro. Todo fue un sueño... ¿Cómo iba a existir alguien así? Debería haberme dado cuenta antes, no existe nadie tan perfecto, era solo un ideal... Y no existen otros mundos, éste es el que hay. He perdido mi tiempo persiguiendo un estúpido sueño...
Ese fue el momento en el que la princesa se dio por vencida. Comenzó de nuevo con su vida. Conoció a otra gente, salió por otros sitios, cambió... Y pronto también olvidó aquel sueño. Aunque muchas noches despertaba al alba, creyendo escuchar su voz, pidiéndola que no le olvidara, que siguiera buscando, que estaba más cerca de lo que pensaba...
Pero en fin, solo eran sueños.
Los Dos Eternos (II parte, I capítulo)
¿Recordáis cuando el príncipe se marchó?
Bien.. han pasado años desde entonces, y aún no ha regresado..
La princesa ha estado buscándolo, incluso aún conserva su parte de la burbuja, y sigue decorando el nuevo mundo que creó para cuando él volviera, no pierde la esperanza.
El tiempo no la ha cambiado, si bien la primera parte hablábamos de él, aquí hablaremos más de ella.
Ha llorado sobre la almohada, ha sufrido en el silencio del bosque de los sueños a mitad de camino, ha buscado otros príncipes.. pero como el suyo, el verdadero, aún no ha encontrado ninguno.
+He probado todas las bocas, solo para demostrar que solo existe una a la que yo quiera besar.
No le cuenta a nadie su derrota. Ella se levanta, sonríe y camina como si nada pasara. Si alguien reparara en la tristeza de su mirada..
Su vida sigue igual que siempre. La Terrible Ciudad casi la asfixia, parece incluso que la odia. Quizá porque ella logró encontrar el amor... Aunque a veces desea que esto sea solamente un sueño, y que al despertar todo esto se difumine junto a su dolor, junto a los recuerdos, junto a su vida, junto a su sonrisa...
Pero no. No debe rendirse. No es un sueño. Ella le ama, y seguirá buscándole. Pase lo que pase, cueste lo que cueste, le encontrará. No la cabe la menor duda.
-¿Sigues buscando a tu príncipe, princesa de pacotilla?
+Déjame en paz, bruja, no es asunto tuyo.
-Jajajaja oye oye, no te sulfures. Venga princesita, no te pongas así.
+Piérdete.
-¿Yo? Bueno, la verdad que a la que veo un poco perdida es a ti. ¿No le encuentras? Pobrecita...
+Le encontraré
-No lo harás, él está más perdido que tú cariño, y yo personalmente me he encargado de que jamás os volváis a reencontrar.
+¿¡Qué le has hecho, arpía!?
-Nada nada, no te preocupes, está sano y salvo. Pero no te recuerda. Aunque le encontraras, no te serviría de nada. Solo te llevarías más disgustos y desilusiones.
+¿Si? Entonces... dime, ¿por qué tienes tanto miedo a que le encuentre?
-¿Miedo? ¿Yo? Por favor, no seas ridícula... Dime una cosa, ¿qué viste en él?
+No lo sé, realmente no lo sé... solo sé que lo que vi en él no lo he visto en nadie más.
-Eres patética, ¿lo sabes? El amor verdadero no existe.
+¡Si existe! Y si no existe... ¿por qué te empeñas en arrebatármelo? ¡Eh! ¡A dónde vas! ¡Vuelve! ¡Dime dónde está mi príncipe!
Y se fue... La princesa no tenía tiempo que perder, tenía que encontrarlo. Sabía que en cuanto la viese, la recordaría, todo volvería a ser igual, volverían a ser felices juntos. No tenía ninguna duda. La Terrible Ciudad únicamente quería hacerla dudar, hacer que desistiera. Pero no lo lograría, ella ya se sabía todos sus trucos, y no pensaba caer en ellos.
Volvió a recorrerse cada palmo de la ciudad, todos los rincones, menos mágicos cada día. Le buscó durante tanto tiempo, que podía hacerlo con los ojos cerrados.
Los Dos Eternos (I parte, IV capítulo)
La Terrible Ciudad no se dio por vencida. Tramó otro de sus terribles planes, pues no soportaba la idea de haber perdido todo su poder. Se encarnó en una muchacha, de aspecto frágil, y fue a hablar con el príncipe. Él, ciego como estaba por su princesa, no se dio cuenta de quien le hablaba. La Terrible Ciudad le llenó poco a poco la mente y el corazón de desconfianza. Tan grande fue, que consiguió alejarlo de su princesa, y acabó expulsándola a ella y a si mismo de ese lugar que tanto les había costado construir. Y él ni si quiera se dio cuenta..
La princesa corrió a su encuentro, le buscó por cada rincón en el que habían estado juntos, pero parecía que se le había tragado la tierra. Ella no quería admitir que su cuento se acabara ahí, no así. Cuando al fin le encontró, no parecía él. De hecho, la costó un rato largo darse cuenta de que era él. No había nada en su mirada, había perdido su sonrisa. Era soledad...
+Ey, ¿qué te pasa?
-Nada, estoy mejor que nunca
+Permíteme dudarlo... ¿por qué nos has echado?
-Porque no pertenecemos a ese lugar. Aunque tú si quieres puedes volver, ya no es asunto mío.
+Pero... ¿qué pasa con Los Dos Eternos? ¿Qué pasa con nosotros?
-No existe ningún nosotros ya, supongo que jamás te amé como creí pensar.
Tan duras fueron sus palabras que no me atrevo a transcribirlas por aquí, pues si lo hiciera no podría parar de llorar.
Así acabó el sueño que juntos crearon, la princesa vio destrozado su mundo de cristal, pues su coraza ya no la protegía, y fue él quien dio el toque maestro para que todo se derrumbara.
Entonces volvió a aparecer La Terrible Ciudad con su forma de muchacha frágil.
-¿Por qué lloras dulce princesa?
+No me llames princesa, no lo soy sin mi príncipe.
-¿Por ese lloras? Ni si quiera salió de un cuento.
-No, no viene de ningún cuento, pero se convirtió en el mío.
La princesa si se dio cuenta de quien era en realidad esa muchacha, y no se dejó vencer.
Cuenta la leyenda que jamás se rindió, que empezó a crear un nuevo mundo, a la espera de que su príncipe abriera los ojos, y que aún lo está decorando, para que todo esté perfecto el día que vuelva.
¿El final de esta historia? Os lo contaré cuando yo lo sepa.
Los Dos Eternos (I parte, III capítulo)
Pasados unos años, volvieron a encontrarse. Ya no eran los mismos... La mágia había desaparecido de las miradas de ambos. ¿Cómo un ángel puede perder sus alas? ¿Cómo pudo perder la mágia de su mirada? Quedaron una tarde, se pusieron al día. La mayor parte del tiempo estuvieron callados, no habían hecho nada con su vida desde entonces. Entonces la princesa se dio cuenta: "no era un sueño, era real... y mi príncipe ha vuelto a casa". Y de repente sonrió. Y él se quedó mirándola, aturdido. Hacía tanto que no veía su sonrisa... Y allí, en aquel lugar que no conocían, oscuro, que le daba la espalda al mundo, en un rincón perdido del universo, en un momento que jamás nadie recordará porque nadie estuvo allí, volvió a nacer la mágia gracias a un susurro que decía "te he echado de menos...". Aún no sé quién lo dijo, si la princesa o el ángel. Pero resonó por cada milímetro de la piel de ambos. Y mientras todo empezaba a coger color y a tomar sentido, la princesa, que siempre fue más rápida que la luz, le besó. Y las paredes volvieron a tomar ese color a recuerdo, ese tono a sueño a medio camino, y volvió el olor a rosa de esperanza. Y volvió. Volvieron. Y empezaron a configurar sus vidas, a colocar los muebles de La Luz Encantada que el huracán de desconfianza había destrozado.
Pasaron los días, y la mágia seguía creciendo, no sin el miedo ocasional de la princesa.
+ Tengo miedo príncipe... no sé cuánto durará ésta vez la felicidad. La Luz Encantada es tan grande... parece un sueño. Yo soy muy pequeñita, y mi mundo es de cristal. Puede recibir golpes y a penas agrietarse. Pero con un solo toque de la persona adecuada puede convertirse en un desierto de cristales rotos.
- No tienes miedo. Yo soy la capa de acero que recubre tu pequeño mundo, y lo fortalece para que nadie jamás pueda hacerte daño, si quiera agrietarlo. Hará falta mucho más que todo el poder de La Terrible Ciudad para separarnos.
La princesa sonreía. Confiaba ciegamente en sus palabras, pues jamás le había mentido. Día tras día iban descubriendo cosas nuevas, mundos extraños y maravillosos. Los Dos Eternos eran más fuertes que nunca, su amor les hizo fuertes. Y eran tan felices que deseaban compartirlo con los demás.
Enseñaron a todos su maravilloso mundo, querían que todos conocieran La Luz Encantada, que entendieran que había otra alternativa, que no tenían por qué vivir siempre en La Terrible Ciudad.
+¿Cuál es tu nombre, príncipe?
-¿Acaso importa? Te amo, ese es mi único nombre, lo único que anhelo escuchar de tus labios.
+Amar tiene condición de eternidad... ¿no te da miedo?
-Muchísimo, si no me lo diera no tendría sentido, pero mientras tú estés a mi lado seguiré siendo valiente, porque seguiré teniendo un motivo por el que respirar.
Era todo tan perfecto... habían logrado terminar de construir esos sueños a medio camino.
Los Dos Eternos (I parte, II capítulo)
Pero La Terrible Ciudad jamás deja marchar sin más. A pesar de que deseaban estar juntos en La Luz Encantada (así bautizaron a su mundo, lugar de cuerdos que se creen locos), tenían cosas a medias en La Terrible Ciudad. Acordaron encontrarse cada medianoche en La Luz Encantada, a solas. Y así fue por mucho tiempo. Tras echarse tanto de menos, se descontaminaban del rencor de La Terrible Ciudad y seguían decorando su mundo. Llegó un punto en el que los recuerdos colgados en la pared tenían encima más capas y capas de recuerdos. El bosque de los sueños a mitad de camino se convirtió en una jungla maravillosa de la que, una vez en ella, no deseabas salir jamás. Y así fue, cada vez dolía más alejarse de aquel lugar, demasiado tiempo separados, la contaminación cada vez era más grande, el miedo a perderlo todo fue creciendo...
Llegó el día en que la ilusión casi se había apagado en la princesa: ya no era lo mismo. Las obligaciones en La Terrible Ciudad cada vez eran más, y más grandes cada día que pasaba. Cada segundo esa llama se apagaba, dejando su aliento lleno de vacío a su paso. Y es que, La Terrible Ciudad odiaba la felicidad. Éste es el dragón al que se tuvo que enfrentar el príncipe por su princesa.
Le dolía tantísimo verla así que decidió convertir su mundo en una burbuja. Pero esta burbuja había de ser mágica. Cada uno, se llevaría la mitad, para así poder seguir con las obligaciones que tenían sin salir de La Luz Encantada. Y he aquí el hechizo: cuando estuvieran juntos, esa burbuja iría creciendo cada vez más, siempre y cuando el vínculo que tenían fuera creciendo a la par. Y así fue por mucho tiempo. Muchísimo. Tanto, que la gente empezó a acostumbrarse a verlos y les pusieron por nombre "Los Dos Eternos".
Pero llegó un tiempo de pobreza. No hablo de escasez de alimento, ni de dinero, ni de cualquier otro tipo. Hablo de la peor escasez que existe: de fe.
Llegó un día en que Los Dos Eternos tuvieron que separarse. Se intercambiaron las burbujas, para que el tiempo que iban a estar separados estuvieran cada uno lleno del otro. Prometieron seguir en contacto, irían a verse, encontrarían un lugar a mitad de camino, un lugar para hacerlo suyo. Durante los primeros meses así fue. Siempre tenían ganas de verse, pero la trampa que les había tendido La Terrible Ciudad empezaba a dar sus frutos. Cada vez era más difícil poner de acuerdo los horarios, cada vez estaban más lejos y resultaba más difícil llegar a ese lugar a mitad de camino, cada vez pasaban menos tiempo juntos... Hasta que llegó el día en que dejaron de verse. Al principio luchaban contra ello, no querían aceptarlo, pero finalmente La Terrible Ciudad les venció. Se intentaron olvidar, la burbuja cada segundo que pasaba se iba haciendo más y más pequeña. La princesa sentía que solo había sido un sueño, un bonito sueño del que debía despertar, y que debía olvidar lo antes posible. Su corazón estaba tan lleno de rabia y tan vacío de esperanza y fe, que lo poco que quedaba de su burbuja mágica se convirtió en un agujero negro, que se tragaba todo a su paso. Se sentía traicionada, abandonada... confió en él y él se marchó. Cómo pudo hacerla esto... Se torturaba cada noche, lloraba en secreto, y con cada lágrima el agujero crecía en su interior.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos. (I parte, I capítulo)
La historia que voy a contar a continuación, es una historia que conocí por casualidad.
La he seguido muy de cerca, así que espero poder daros todos los detalles que necesitáis saber.
Es una historia de sueños, de mágia y, como no, de amor verdadero.
Hubo una vez un príncipe, pero no de esos de capa y espada. Este príncipe es un tanto peculiar. No viene de la realeza, ni de ningún cuento en realidad. Era un príncipe con botas militares, con cresta en la cabeza, con vaqueros desgastados y chalecos con pegatinas. Su música por bandera. La libertad por lema. Saltaba a la vista que no era un chico corriente, pero solo se daban cuenta aquellos que se atrevían a mirarlo de verdad, y no por el rabillo del ojo, como se miran todas las cosas importantes hoy en día.
Y también hubo una princesa. En realidad, una muchacha que no sabía que lo era. Ésta muchacha tampoco parecía nada. Una chica siempre de negro, siempre con sus cueros y sus cuentos. Nadie la creía nunca. Pelo cortado a mechones sueltos, su presencia no se notaba, así que ni hablemos de su ausencia. Su sonrisa no transmitía nada, dejaba a sus pantalones ajustados, botas altas y chupa de cuero que hablaran por ella.
Pero volvamos con el príncipe. Su presentación fue más de plebeyo, supongo que para pasar desapercibido en La Terrible Ciudad. La princesa nunca supo su nombre, pero si recuerda sus ojos, aunque no más que su sonrisa. Supongo que por eso se fijó en él. En La Terrible Ciudad no se encuentran como esas.
Los primeros días solo habló él. La princesa estaba demasiado contaminada como para contestar a un ángel como se merecía. La Terrible Ciudad ennegrece mucho el alma, y más la vista. Pasados unos días, no pudo evitar fijarse en que siempre estaba al rededor. Donde quiera que mirara, ahí estaba él, con su estupenda sonrisa. Se intuye el final, ¿verdad? Pasado el tiempo acabaron congeniando, ¿dónde estuvo todo este tiempo? Ni si quiera él lo sabe aún...
Le costó mucho cederle su mano, La Terrible Ciudad también hace que desconfíes hasta del más bello ángel, es así de duro. Pero él estaba ahí para salvarla...
Y poco a poco le fue mostrando su mundo, la llevo a sus lugares, tan mágicos como él. Lugares que únicamente podría haber conocido de su mano. Pasaron muchas cosas juntos, hicieron miles de hechizos, la princesa empezó a creer en la mágia, comprendió que su vida empezó a tener sentido cuando se tropezó con él por el camino. Olvidaron La Terrible Ciudad, lugar de locos que se creen cuerdos, y crearon su propio mundo. Un mundo impenetrable, creado de hermosos recuerdos, de fábulas sin moraleja, de sueños a mitad de camino...
+Me has salvado
-¿Salvarte? ¿Yo? ¿De quién? ¿De qué?
+De La Terrible Ciudad, de la contaminación... de mi misma. Me has devuelto la vista.
La he seguido muy de cerca, así que espero poder daros todos los detalles que necesitáis saber.
Es una historia de sueños, de mágia y, como no, de amor verdadero.
Hubo una vez un príncipe, pero no de esos de capa y espada. Este príncipe es un tanto peculiar. No viene de la realeza, ni de ningún cuento en realidad. Era un príncipe con botas militares, con cresta en la cabeza, con vaqueros desgastados y chalecos con pegatinas. Su música por bandera. La libertad por lema. Saltaba a la vista que no era un chico corriente, pero solo se daban cuenta aquellos que se atrevían a mirarlo de verdad, y no por el rabillo del ojo, como se miran todas las cosas importantes hoy en día.
Y también hubo una princesa. En realidad, una muchacha que no sabía que lo era. Ésta muchacha tampoco parecía nada. Una chica siempre de negro, siempre con sus cueros y sus cuentos. Nadie la creía nunca. Pelo cortado a mechones sueltos, su presencia no se notaba, así que ni hablemos de su ausencia. Su sonrisa no transmitía nada, dejaba a sus pantalones ajustados, botas altas y chupa de cuero que hablaran por ella.
Pero volvamos con el príncipe. Su presentación fue más de plebeyo, supongo que para pasar desapercibido en La Terrible Ciudad. La princesa nunca supo su nombre, pero si recuerda sus ojos, aunque no más que su sonrisa. Supongo que por eso se fijó en él. En La Terrible Ciudad no se encuentran como esas.
Los primeros días solo habló él. La princesa estaba demasiado contaminada como para contestar a un ángel como se merecía. La Terrible Ciudad ennegrece mucho el alma, y más la vista. Pasados unos días, no pudo evitar fijarse en que siempre estaba al rededor. Donde quiera que mirara, ahí estaba él, con su estupenda sonrisa. Se intuye el final, ¿verdad? Pasado el tiempo acabaron congeniando, ¿dónde estuvo todo este tiempo? Ni si quiera él lo sabe aún...
Le costó mucho cederle su mano, La Terrible Ciudad también hace que desconfíes hasta del más bello ángel, es así de duro. Pero él estaba ahí para salvarla...
Y poco a poco le fue mostrando su mundo, la llevo a sus lugares, tan mágicos como él. Lugares que únicamente podría haber conocido de su mano. Pasaron muchas cosas juntos, hicieron miles de hechizos, la princesa empezó a creer en la mágia, comprendió que su vida empezó a tener sentido cuando se tropezó con él por el camino. Olvidaron La Terrible Ciudad, lugar de locos que se creen cuerdos, y crearon su propio mundo. Un mundo impenetrable, creado de hermosos recuerdos, de fábulas sin moraleja, de sueños a mitad de camino...
+Me has salvado
-¿Salvarte? ¿Yo? ¿De quién? ¿De qué?
+De La Terrible Ciudad, de la contaminación... de mi misma. Me has devuelto la vista.
lunes, 5 de noviembre de 2012
In(fin)ito
Me encanta llenar mis páginas con tu nombre. Escribirlo en mis folios, en mi diario, aunque tenga que ser a escondidas de todos. Supongo que ese es el precio a pagar. He perdido casi por completo la esperanza de recuperarte, es cierto, pero eso no cambia nada. Me sigo ilusionando con simple saludo, cada 5 te sigo buscando, por si algún día te diera por venir a recordar conmigo.. Es una esperanza a medias, no sabría explicarlo. Supongo que mi corazón jamás se cansará por más golpes que reciba, es así de cabezota. Intento entender por qué permaneces a mi lado, sin hacer caso a las razones que me das, prefiero pensar que hay algo más. Vivo más feliz (aunque engañada, lo sé) creyendo que, quizá, no me has olvidado. Me gusta pensar que ésto no se ha acabado, que sigo en tu corazón y que te sigo haciendo feliz. Me ilusiono pensando que hay una posibilidad, por mínima y remota que sea, de que, tal vez, un día sin querer me recuerdes y pienses que vale la pena, al menos intentarlo. Sabes bien que mi único anhelo es hacerte feliz.. Bueno, más bien, que lo seas junto a mi.
Sé que hice muchas cosas mal contigo, y tal vez seguir amándote sea mi castigo, no lo sé. Lo que si sé es que, aunque sea tarde, quiero pedirte perdón por todas las veces que no lo hice cuando debía, por no haber sabido tragarme mi orgullo cuando era necesario, y sobretodo, lo que más lamento es darme cuenta ahora. Ahora que ya te he perdido. No te valoré como te mereces mientras te tuve a mi lado.. me siento fatal.
Y con todo, te sigues echando las culpas. Aquí quien tiene toda la culpa soy yo, que no hice todo lo que pude, ni tan si quiera la mitad, y es horrible vivir con ese dolor, saber que te quiero, que te amo, TE AMO joder ! Y yo solita te perdí..
Puedo asegurarte que eso me duele más que cualquier cosa que puedas imaginar. Pero soy feliz. Soy feliz porque aunque no sea lo mismo, sé que aún me recuerdas, y recuerdas todo lo bueno que tuvo lo nuestro, y lo haces con cariño, felicidad y.. si, me atrevo a decir que con un poco de nostalgia.
Me encanta cuando dices que soy especial. O cuando me besas y me abrazas. O cuando a mitad del beso sonríes. Me duele tener que callarme tantos te quiero que me ahogan, y que mi alma grita fuerte cuando estoy a solas. Te he tenido que perder para aprender a amarte. Pero al fin aprendí, y ahora no me voy a rendir.
Sé que hice muchas cosas mal contigo, y tal vez seguir amándote sea mi castigo, no lo sé. Lo que si sé es que, aunque sea tarde, quiero pedirte perdón por todas las veces que no lo hice cuando debía, por no haber sabido tragarme mi orgullo cuando era necesario, y sobretodo, lo que más lamento es darme cuenta ahora. Ahora que ya te he perdido. No te valoré como te mereces mientras te tuve a mi lado.. me siento fatal.
Y con todo, te sigues echando las culpas. Aquí quien tiene toda la culpa soy yo, que no hice todo lo que pude, ni tan si quiera la mitad, y es horrible vivir con ese dolor, saber que te quiero, que te amo, TE AMO joder ! Y yo solita te perdí..
Puedo asegurarte que eso me duele más que cualquier cosa que puedas imaginar. Pero soy feliz. Soy feliz porque aunque no sea lo mismo, sé que aún me recuerdas, y recuerdas todo lo bueno que tuvo lo nuestro, y lo haces con cariño, felicidad y.. si, me atrevo a decir que con un poco de nostalgia.
Me encanta cuando dices que soy especial. O cuando me besas y me abrazas. O cuando a mitad del beso sonríes. Me duele tener que callarme tantos te quiero que me ahogan, y que mi alma grita fuerte cuando estoy a solas. Te he tenido que perder para aprender a amarte. Pero al fin aprendí, y ahora no me voy a rendir.
In(fin)ito
Hoy le he puesto los cuernos a mi corazón..
He decidido serme fiel, aunque signifique serle infiel (8)
Me gustaría escucharte decir que me quieres, que me has querido siempre y que me necesitas a tu lado. Y sino, que en algún momento volvieras, únicamente para devolverme esa parte de mi que te llevaste y que es lo que me mantiene aferrada a ti. Hazlo, y desapareceré para siempre. Sino, seguiré. Seguiré aquí el tiempo que haga falta. Porque yo he firmado por un puto siempre, te lo recuerdo. ¿Cómo pudiste pasar de querer casarte conmigo a tratarme como un trozo de carne? Y lo que es peor... ¿cómo, después de todo, puedo seguir amándote? Quién lo va a entender, si ni siquiera yo lo sé.. Debo de tener el sentido común atrofiado, no entiendo qué veo en ti. Si me paro a pensarlo fríamente no encuentro ni un sólo motivo por el cual amarte, tan solo buenos recuerdos, pero no puedo vivir siempre en pasado, no puedo seguir siendo siempre una idiota más. Pero justo cuando estoy casi convencida, aparece tu sonrisa y me vence. Siempre me vence. Y lo seguirá haciendo por quién sabe cuánto tiempo... Quizá siempre. Es siempre lo mismo, es un final que no se acaba porque, en realidad, ninguno queremos ponerle fin. Y eso es algo que jamás me podrás negar. Di lo que quieras, yo sé que soy una parte importante en tu vida, que jamás me dejaste de querer, tan solo dejaste de hacerlo con la misma intensidad.
He decidido serme fiel, aunque signifique serle infiel (8)
Me gustaría escucharte decir que me quieres, que me has querido siempre y que me necesitas a tu lado. Y sino, que en algún momento volvieras, únicamente para devolverme esa parte de mi que te llevaste y que es lo que me mantiene aferrada a ti. Hazlo, y desapareceré para siempre. Sino, seguiré. Seguiré aquí el tiempo que haga falta. Porque yo he firmado por un puto siempre, te lo recuerdo. ¿Cómo pudiste pasar de querer casarte conmigo a tratarme como un trozo de carne? Y lo que es peor... ¿cómo, después de todo, puedo seguir amándote? Quién lo va a entender, si ni siquiera yo lo sé.. Debo de tener el sentido común atrofiado, no entiendo qué veo en ti. Si me paro a pensarlo fríamente no encuentro ni un sólo motivo por el cual amarte, tan solo buenos recuerdos, pero no puedo vivir siempre en pasado, no puedo seguir siendo siempre una idiota más. Pero justo cuando estoy casi convencida, aparece tu sonrisa y me vence. Siempre me vence. Y lo seguirá haciendo por quién sabe cuánto tiempo... Quizá siempre. Es siempre lo mismo, es un final que no se acaba porque, en realidad, ninguno queremos ponerle fin. Y eso es algo que jamás me podrás negar. Di lo que quieras, yo sé que soy una parte importante en tu vida, que jamás me dejaste de querer, tan solo dejaste de hacerlo con la misma intensidad.
jueves, 17 de mayo de 2012
Último por decir tras un adiós
Es propio de niños
llorar cuando han perdido.
Si no quieres parecer tan crío
al menos prueba a valorar
todo lo anterior sucedido.
Perdona mi insistencia,
sé que valorarás mi ausencia
ya que estando en presencia
no supiste aprovecharlo,
siento dejarte en evidencia.
¿Yo destrocé tu casa?
No maridito mío,
te invité a la mía,
te descubrí un mundo nuevo,
te saqué mil y una sonrisa.
¿Ahora a quién le vas a ir a llorar?
Si cada problema o rallada
a mi me la venías a contar.
Este juego se te ha ido de las manos,
Piensa que pierdes más de lo que has ganado.
Chiquilladas tiene otra definición,
al lado va tu foto con razón,
doy gracias a tu adiós
porque aunque me duela
terminó con esta horrible situación.
Por último decirte sin rodeos,
pequeño ingenuo escarmentado,
que aunque luches contra ello,
y te duela en el recuerdo,
el día 10 eres incapaz de olvidarlo.
Nadie más te ha conocido,
nadie más te ha querido.
Tú mismo lo has admitido.
Y recuerda que en este juego
no soy yo la que ha perdido ;)
llorar cuando han perdido.
Si no quieres parecer tan crío
al menos prueba a valorar
todo lo anterior sucedido.
Perdona mi insistencia,
sé que valorarás mi ausencia
ya que estando en presencia
no supiste aprovecharlo,
siento dejarte en evidencia.
¿Yo destrocé tu casa?
No maridito mío,
te invité a la mía,
te descubrí un mundo nuevo,
te saqué mil y una sonrisa.
¿Ahora a quién le vas a ir a llorar?
Si cada problema o rallada
a mi me la venías a contar.
Este juego se te ha ido de las manos,
Piensa que pierdes más de lo que has ganado.
Chiquilladas tiene otra definición,
al lado va tu foto con razón,
doy gracias a tu adiós
porque aunque me duela
terminó con esta horrible situación.
Por último decirte sin rodeos,
pequeño ingenuo escarmentado,
que aunque luches contra ello,
y te duela en el recuerdo,
el día 10 eres incapaz de olvidarlo.
Nadie más te ha conocido,
nadie más te ha querido.
Tú mismo lo has admitido.
Y recuerda que en este juego
no soy yo la que ha perdido ;)
martes, 7 de febrero de 2012
Carta de San Valentín
Hola amor:
Junto a esta carta no esperes flores, ni bombones, ni nuestros nombres al final dentro de un gran corazón. Vengo a contarte lo que para mi es amor.
Amor es esperar noches enteras, en el frío de la soledad oscura, el día, el amanecer, aún sabiendo que sólo podría admirarte de lejos. Soñar y luchar por tenerte conmigo, deseando, más que me abrigues, poder ser tu abrigo. Amor es dejar de lado tareas por ayudarte en tu vida, por salvar tus trabajos, por mostrar mi valía. Amor es pintar en mis libros tu nombre, hasta perder el sentido de éste. Dejarme de lado y hacerlo por ti.
Parece que al final funcionó. Tal día 28, tras siete meses tratando de mostrarme, de dejar de ser invisible, por fin junto a ti.
Mas sigo: Amor es buscar planes divertidos, hacerte reír a carcajadas, vivir con tu sonrisa y morir cuando te enfadas. Amor es recaudar moneditas para comprarte aquello que viste y te gustó tanto, es gastar mis sueños por tus alegrías, mi tiempo en mejorar por no fallarte, y mis noches en no dormir pensando en no perderte... Amor es llamarte a diario para poder escuchar tu voz. Amor es quererte para siempre, y no para mi. Amor es estar en total oscuridad y dejarme guiar por la luz de tu mirada. Es volver a creer en la magia gracias al hechizo de tu sonrisa, saber, ante todo y pese a todo, que vale la pena. Es saltarse los horarios, es luchar en guerra activa contra la monotonía. Es detener el mundo en un abrazo y soñar un futuro con un "te quiero", y más que eso, crearlo juntos. Amor es hacer locuras y esparse a las cuatro de la mañana para vernos. Es encontrar la felicidad en mi misma y disfrutarla contigo. Amor es sólo una palabra..
Pero AMOR, en mayúsculas, con lo que al sentimiento antañe, lo que todos queremos y no nos preocupamos en dar, sin pararnos a pensar que sin darlo, jamás lo obtendremos, ese AMOR, del que hablan los poetas, el verdadero, el eterno, el que se convierte en motor del corazón y que pocos llegar a probar si quiera, AMOR... ere TÚ.
Y todo lo anterior, soy yo desde que te conozco. Entraste en mi vida y cambiaste mi mundo.
Te amo. Con todo lo que eso significa, y con la condición de eternidad que eso implica.
De la enana al chulo de peli.
Con todo el amor que cabe entre estas letras.
Junto a esta carta no esperes flores, ni bombones, ni nuestros nombres al final dentro de un gran corazón. Vengo a contarte lo que para mi es amor.
Amor es esperar noches enteras, en el frío de la soledad oscura, el día, el amanecer, aún sabiendo que sólo podría admirarte de lejos. Soñar y luchar por tenerte conmigo, deseando, más que me abrigues, poder ser tu abrigo. Amor es dejar de lado tareas por ayudarte en tu vida, por salvar tus trabajos, por mostrar mi valía. Amor es pintar en mis libros tu nombre, hasta perder el sentido de éste. Dejarme de lado y hacerlo por ti.
Parece que al final funcionó. Tal día 28, tras siete meses tratando de mostrarme, de dejar de ser invisible, por fin junto a ti.
Mas sigo: Amor es buscar planes divertidos, hacerte reír a carcajadas, vivir con tu sonrisa y morir cuando te enfadas. Amor es recaudar moneditas para comprarte aquello que viste y te gustó tanto, es gastar mis sueños por tus alegrías, mi tiempo en mejorar por no fallarte, y mis noches en no dormir pensando en no perderte... Amor es llamarte a diario para poder escuchar tu voz. Amor es quererte para siempre, y no para mi. Amor es estar en total oscuridad y dejarme guiar por la luz de tu mirada. Es volver a creer en la magia gracias al hechizo de tu sonrisa, saber, ante todo y pese a todo, que vale la pena. Es saltarse los horarios, es luchar en guerra activa contra la monotonía. Es detener el mundo en un abrazo y soñar un futuro con un "te quiero", y más que eso, crearlo juntos. Amor es hacer locuras y esparse a las cuatro de la mañana para vernos. Es encontrar la felicidad en mi misma y disfrutarla contigo. Amor es sólo una palabra..
Pero AMOR, en mayúsculas, con lo que al sentimiento antañe, lo que todos queremos y no nos preocupamos en dar, sin pararnos a pensar que sin darlo, jamás lo obtendremos, ese AMOR, del que hablan los poetas, el verdadero, el eterno, el que se convierte en motor del corazón y que pocos llegar a probar si quiera, AMOR... ere TÚ.
Y todo lo anterior, soy yo desde que te conozco. Entraste en mi vida y cambiaste mi mundo.
Te amo. Con todo lo que eso significa, y con la condición de eternidad que eso implica.
De la enana al chulo de peli.
Con todo el amor que cabe entre estas letras.
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