sábado, 8 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (II parte, I capítulo)


¿Recordáis cuando el príncipe se marchó?
Bien.. han pasado años desde entonces, y aún no ha regresado..
La princesa ha estado buscándolo, incluso aún conserva su parte de la burbuja, y sigue decorando el nuevo mundo que creó para cuando él volviera, no pierde la esperanza.
El tiempo no la ha cambiado, si bien la primera parte hablábamos de él, aquí hablaremos más de ella.
Ha llorado sobre la almohada, ha sufrido en el silencio del bosque de los sueños a mitad de camino, ha buscado otros príncipes.. pero como el suyo, el verdadero, aún no ha encontrado ninguno.

+He probado todas las bocas, solo para demostrar que solo existe una a la que yo quiera besar.

No le cuenta a nadie su derrota. Ella se levanta, sonríe y camina como si nada pasara. Si alguien reparara en la tristeza de su mirada..
Su vida sigue igual que siempre. La Terrible Ciudad casi la asfixia, parece incluso que la odia. Quizá porque ella logró encontrar el amor... Aunque a veces desea que esto sea solamente un sueño, y que al despertar todo esto se difumine junto a su dolor, junto a los recuerdos, junto a su vida, junto a su sonrisa...
Pero no. No debe rendirse. No es un sueño. Ella le ama, y seguirá buscándole. Pase lo que pase, cueste lo que cueste, le encontrará. No la cabe la menor duda.

-¿Sigues buscando a tu príncipe, princesa de pacotilla?

+Déjame en paz, bruja, no es asunto tuyo.

-Jajajaja oye oye, no te sulfures. Venga princesita, no te pongas así.

+Piérdete.

-¿Yo? Bueno, la verdad que a la que veo un poco perdida es a ti. ¿No le encuentras? Pobrecita...

+Le encontraré

-No lo harás, él está más perdido que tú cariño, y yo personalmente me he encargado de que jamás os volváis a reencontrar.

+¿¡Qué le has hecho, arpía!?

-Nada nada, no te preocupes, está sano y salvo. Pero no te recuerda. Aunque le encontraras, no te serviría de nada. Solo te llevarías más disgustos y desilusiones.

+¿Si? Entonces... dime, ¿por qué tienes tanto miedo a que le encuentre?

-¿Miedo? ¿Yo? Por favor, no seas ridícula... Dime una cosa, ¿qué viste en él?

+No lo sé, realmente no lo sé... solo sé que lo que vi en él no lo he visto en nadie más.

-Eres patética, ¿lo sabes? El amor verdadero no existe.

+¡Si existe! Y si no existe... ¿por qué te empeñas en arrebatármelo? ¡Eh! ¡A dónde vas! ¡Vuelve! ¡Dime dónde está mi príncipe!

Y se fue... La princesa no tenía tiempo que perder, tenía que encontrarlo. Sabía que en cuanto la viese, la recordaría, todo volvería a ser igual, volverían a ser felices juntos. No tenía ninguna duda. La Terrible Ciudad únicamente quería hacerla dudar, hacer que desistiera. Pero no lo lograría, ella ya se sabía todos sus trucos, y no pensaba caer en ellos.
Volvió a recorrerse cada palmo de la ciudad, todos los rincones, menos mágicos cada día. Le buscó durante tanto tiempo, que podía hacerlo con los ojos cerrados.

Los Dos Eternos (I parte, IV capítulo)


La Terrible Ciudad no se dio por vencida. Tramó otro de sus terribles planes, pues no soportaba la idea de haber perdido todo su poder. Se encarnó en una muchacha, de aspecto frágil, y fue a hablar con el príncipe. Él, ciego como estaba por su princesa, no se dio cuenta de quien le hablaba. La Terrible Ciudad le llenó poco a poco la mente y el corazón de desconfianza. Tan grande fue, que consiguió alejarlo de su princesa, y acabó expulsándola a ella y a si mismo de ese lugar que tanto les había costado construir. Y él ni si quiera se dio cuenta..
La princesa corrió a su encuentro, le buscó por cada rincón en el que habían estado juntos, pero parecía que se le había tragado la tierra. Ella no quería admitir que su cuento se acabara ahí, no así. Cuando al fin le encontró, no parecía él. De hecho, la costó un rato largo darse cuenta de que era él. No había nada en su mirada, había perdido su sonrisa. Era soledad...

+Ey, ¿qué te pasa?

-Nada, estoy mejor que nunca

+Permíteme dudarlo... ¿por qué nos has echado?

-Porque no pertenecemos a ese lugar. Aunque tú si quieres puedes volver, ya no es asunto mío.

+Pero... ¿qué pasa con Los Dos Eternos? ¿Qué pasa con nosotros?

-No existe ningún nosotros ya, supongo que jamás te amé como creí pensar.

Tan duras fueron sus palabras que no me atrevo a transcribirlas por aquí, pues si lo hiciera no podría parar de llorar.
Así acabó el sueño que juntos crearon, la princesa vio destrozado su mundo de cristal, pues su coraza ya no la protegía, y fue él quien dio el toque maestro para que todo se derrumbara.
Entonces volvió a aparecer La Terrible Ciudad con su forma de muchacha frágil.

-¿Por qué lloras dulce princesa?

+No me llames princesa, no lo soy sin mi príncipe.

-¿Por ese lloras? Ni si quiera salió de un cuento.

-No, no viene de ningún cuento, pero se convirtió en el mío.

La princesa si se dio cuenta de quien era en realidad esa muchacha, y no se dejó vencer.
Cuenta la leyenda que jamás se rindió, que empezó a crear un nuevo mundo, a la espera de que su príncipe abriera los ojos, y que aún lo está decorando, para que todo esté perfecto el día que vuelva.

¿El final de esta historia? Os lo contaré cuando yo lo sepa.

Los Dos Eternos (I parte, III capítulo)


Pasados unos años, volvieron a encontrarse. Ya no eran los mismos... La mágia había desaparecido de las miradas de ambos. ¿Cómo un ángel puede perder sus alas? ¿Cómo pudo perder la mágia de su mirada? Quedaron una tarde, se pusieron al día. La mayor parte del tiempo estuvieron callados, no habían hecho nada con su vida desde entonces. Entonces la princesa se dio cuenta: "no era un sueño, era real... y mi príncipe ha vuelto a casa". Y de repente sonrió. Y él se quedó mirándola, aturdido. Hacía tanto que no veía su sonrisa... Y allí, en aquel lugar que no conocían, oscuro, que le daba la espalda al mundo, en un rincón perdido del universo, en un momento que jamás nadie recordará porque nadie estuvo allí, volvió a nacer la mágia gracias a un susurro que decía "te he echado de menos...". Aún no sé quién lo dijo, si la princesa o el ángel. Pero resonó por cada milímetro de la piel de ambos. Y mientras todo empezaba a coger color y a tomar sentido, la princesa, que siempre fue más rápida que la luz, le besó. Y las paredes volvieron a tomar ese color a recuerdo, ese tono a sueño a medio camino, y volvió el olor a rosa de esperanza. Y volvió. Volvieron. Y empezaron a configurar sus vidas, a colocar los muebles de La Luz Encantada que el huracán de desconfianza había destrozado.
Pasaron los días, y la mágia seguía creciendo, no sin el miedo ocasional de la princesa.

+ Tengo miedo príncipe... no sé cuánto durará ésta vez la felicidad. La Luz Encantada es tan grande... parece un sueño. Yo soy muy pequeñita, y mi mundo es de cristal. Puede recibir golpes y a penas agrietarse. Pero con un solo toque de la persona adecuada puede convertirse en un desierto de cristales rotos.

- No tienes miedo. Yo soy la capa de acero que recubre tu pequeño mundo, y lo fortalece para que nadie jamás pueda hacerte daño, si quiera agrietarlo. Hará falta mucho más que todo el poder de La Terrible Ciudad para separarnos.

La princesa sonreía. Confiaba ciegamente en sus palabras, pues jamás le había mentido. Día tras día iban descubriendo cosas nuevas, mundos extraños y maravillosos. Los Dos Eternos eran más fuertes que nunca, su amor les hizo fuertes. Y eran tan felices que deseaban compartirlo con los demás.
Enseñaron a todos su maravilloso mundo, querían que todos conocieran La Luz Encantada, que entendieran que había otra alternativa, que no tenían por qué vivir siempre en La Terrible Ciudad.

+¿Cuál es tu nombre, príncipe?

-¿Acaso importa? Te amo, ese es mi único nombre, lo único que anhelo escuchar de tus labios.

+Amar tiene condición de eternidad... ¿no te da miedo?

-Muchísimo, si no me lo diera no tendría sentido, pero mientras tú estés a mi lado seguiré siendo valiente, porque seguiré teniendo un motivo por el que respirar.

Era todo tan perfecto... habían logrado terminar de construir esos sueños a medio camino.

Los Dos Eternos (I parte, II capítulo)


Pero La Terrible Ciudad jamás deja marchar sin más. A pesar de que deseaban estar juntos en La Luz Encantada (así bautizaron a su mundo, lugar de cuerdos que se creen locos), tenían cosas a medias en La Terrible Ciudad. Acordaron encontrarse cada medianoche en La Luz Encantada, a solas. Y así fue por mucho tiempo. Tras echarse tanto de menos, se descontaminaban del rencor de La Terrible Ciudad y seguían decorando su mundo. Llegó un punto en el que los recuerdos colgados en la pared tenían encima más capas y capas de recuerdos. El bosque de los sueños a mitad de camino se convirtió en una jungla maravillosa de la que, una vez en ella, no deseabas salir jamás. Y así fue, cada vez dolía más alejarse de aquel lugar, demasiado tiempo separados, la contaminación cada vez era más grande, el miedo a perderlo todo fue creciendo...
Llegó el día en que la ilusión casi se había apagado en la princesa: ya no era lo mismo. Las obligaciones en La Terrible Ciudad cada vez eran más, y más grandes cada día que pasaba. Cada segundo esa llama se apagaba, dejando su aliento lleno de vacío a su paso. Y es que, La Terrible Ciudad odiaba la felicidad. Éste es el dragón al que se tuvo que enfrentar el príncipe por su princesa.
Le dolía tantísimo verla así que decidió convertir su mundo en una burbuja. Pero esta burbuja había de ser mágica. Cada uno, se llevaría la mitad, para así poder seguir con las obligaciones que tenían sin salir de La Luz Encantada. Y he aquí el hechizo: cuando estuvieran juntos, esa burbuja iría creciendo cada vez más, siempre y cuando el vínculo que tenían fuera creciendo a la par. Y así fue por mucho tiempo. Muchísimo. Tanto, que la gente empezó a acostumbrarse a verlos y les pusieron por nombre "Los Dos Eternos".
Pero llegó un tiempo de pobreza. No hablo de escasez de alimento, ni de dinero, ni de cualquier otro tipo. Hablo de la peor escasez que existe: de fe.
Llegó un día en que Los Dos Eternos tuvieron que separarse. Se intercambiaron las burbujas, para que el tiempo que iban a estar separados estuvieran cada uno lleno del otro. Prometieron seguir en contacto, irían a verse, encontrarían un lugar a mitad de camino, un lugar para hacerlo suyo. Durante los primeros meses así fue. Siempre tenían ganas de verse, pero la trampa que les había tendido La Terrible Ciudad empezaba a dar sus frutos. Cada vez era más difícil poner de acuerdo los horarios, cada vez estaban más lejos y resultaba más difícil llegar a ese lugar a mitad de camino, cada vez pasaban menos tiempo juntos... Hasta que llegó el día en que dejaron de verse. Al principio luchaban contra ello, no querían aceptarlo, pero finalmente La Terrible Ciudad les venció. Se intentaron olvidar, la burbuja cada segundo que pasaba se iba haciendo más y más pequeña. La princesa sentía que solo había sido un sueño, un bonito sueño del que debía despertar, y que debía olvidar lo antes posible. Su corazón estaba tan lleno de rabia y tan vacío de esperanza y fe, que lo poco que quedaba de su burbuja mágica se convirtió en un agujero negro, que se tragaba todo a su paso. Se sentía traicionada, abandonada... confió en él y él se marchó. Cómo pudo hacerla esto... Se torturaba cada noche, lloraba en secreto, y con cada lágrima el agujero crecía en su interior.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos. (I parte, I capítulo)

La historia que voy a contar a continuación, es una historia que conocí por casualidad.
La he seguido muy de cerca, así que espero poder daros todos los detalles que necesitáis saber.
Es una historia de sueños, de mágia y, como no, de amor verdadero.

Hubo una vez un príncipe, pero no de esos de capa y espada. Este príncipe es un tanto peculiar. No viene de la realeza, ni de ningún cuento en realidad. Era un príncipe con botas militares, con cresta en la cabeza, con vaqueros desgastados y chalecos con pegatinas. Su música por bandera. La libertad por lema. Saltaba a la vista que no era un chico corriente, pero solo se daban cuenta aquellos que se atrevían a mirarlo de verdad, y no por el rabillo del ojo, como se miran todas las cosas importantes hoy en día.
Y también hubo una princesa. En realidad, una muchacha que no sabía que lo era. Ésta muchacha tampoco parecía nada. Una chica siempre de negro, siempre con sus cueros y sus cuentos. Nadie la creía nunca. Pelo cortado a mechones sueltos, su presencia no se notaba, así que ni hablemos de su ausencia. Su sonrisa no transmitía nada, dejaba a sus pantalones ajustados, botas altas y chupa de cuero que hablaran por ella.
Pero volvamos con el príncipe. Su presentación fue más de plebeyo, supongo que para pasar desapercibido en La Terrible Ciudad. La princesa nunca supo su nombre, pero si recuerda sus ojos, aunque no más que su sonrisa. Supongo que por eso se fijó en él. En La Terrible Ciudad no se encuentran como esas.
Los primeros días solo habló él. La princesa estaba demasiado contaminada como para contestar a un ángel como se merecía. La Terrible Ciudad ennegrece mucho el alma, y más la vista. Pasados unos días, no pudo evitar fijarse en que siempre estaba al rededor. Donde quiera que mirara, ahí estaba él, con su estupenda sonrisa. Se intuye el final, ¿verdad? Pasado el tiempo acabaron congeniando, ¿dónde estuvo todo este tiempo? Ni si quiera él lo sabe aún...
Le costó mucho cederle su mano, La Terrible Ciudad también hace que desconfíes hasta del más bello ángel, es así de duro. Pero él estaba ahí para salvarla...
Y poco a poco le fue mostrando su mundo, la llevo a sus lugares, tan mágicos como él. Lugares que únicamente podría haber conocido de su mano. Pasaron muchas cosas juntos, hicieron miles de hechizos, la princesa empezó a creer en la mágia, comprendió que su vida empezó a tener sentido cuando se tropezó con él por el camino. Olvidaron La Terrible Ciudad, lugar de locos que se creen cuerdos, y crearon su propio mundo. Un mundo impenetrable, creado de hermosos recuerdos, de fábulas sin moraleja, de sueños a mitad de camino...

+Me has salvado

-¿Salvarte? ¿Yo? ¿De quién? ¿De qué?

+De La Terrible Ciudad, de la contaminación... de mi misma. Me has devuelto la vista.

lunes, 5 de noviembre de 2012

In(fin)ito

Me encanta llenar mis páginas con tu nombre. Escribirlo en mis folios, en mi diario, aunque tenga que ser a escondidas de todos. Supongo que ese es el precio a pagar. He perdido casi por completo la esperanza de recuperarte, es cierto, pero eso no cambia nada. Me sigo ilusionando con simple saludo, cada 5 te sigo buscando, por si algún día te diera por venir a recordar conmigo.. Es una esperanza a medias, no sabría explicarlo. Supongo que mi corazón jamás se cansará por más golpes que reciba, es así de cabezota. Intento entender por qué permaneces a mi lado, sin hacer caso a las razones que me das, prefiero pensar que hay algo más. Vivo más feliz (aunque engañada, lo sé) creyendo que, quizá, no me has olvidado. Me gusta pensar que ésto no se ha acabado, que sigo en tu corazón y que te sigo haciendo feliz. Me ilusiono pensando que hay una posibilidad, por mínima y remota que sea, de que, tal vez, un día sin querer me recuerdes y pienses que vale la pena, al menos intentarlo. Sabes bien que mi único anhelo es hacerte feliz.. Bueno, más bien, que lo seas junto a mi.
Sé que hice muchas cosas mal contigo, y tal vez seguir amándote sea mi castigo, no lo sé. Lo que si sé es que, aunque sea tarde, quiero pedirte perdón por todas las veces que no lo hice cuando debía, por no haber sabido tragarme mi orgullo cuando era necesario, y sobretodo, lo que más lamento es darme cuenta ahora. Ahora que ya te he perdido. No te valoré como te mereces mientras te tuve a mi lado.. me siento fatal.
Y con todo, te sigues echando las culpas. Aquí quien tiene toda la culpa soy yo, que no hice todo lo que pude, ni tan si quiera la mitad, y es horrible vivir con ese dolor, saber que te quiero, que te amo, TE AMO joder ! Y yo solita te perdí..
Puedo asegurarte que eso me duele más que cualquier cosa que puedas imaginar. Pero soy feliz. Soy feliz porque aunque no sea lo mismo, sé que aún me recuerdas, y recuerdas todo lo bueno que tuvo lo nuestro, y lo haces con cariño, felicidad y.. si, me atrevo a decir que con un poco de nostalgia.
Me encanta cuando dices que soy especial. O cuando me besas y me abrazas. O cuando a mitad del beso sonríes. Me duele tener que callarme tantos te quiero que me ahogan, y que mi alma grita fuerte cuando estoy a solas. Te he tenido que perder para aprender a amarte. Pero al fin aprendí, y ahora no me voy a rendir.

In(fin)ito

Hoy le he puesto los cuernos a mi corazón..
He decidido serme fiel, aunque signifique serle infiel (8)
Me gustaría escucharte decir que me quieres, que me has querido siempre y que me necesitas a tu lado. Y sino, que en algún momento volvieras, únicamente para devolverme esa parte de mi que te llevaste y que es lo que me mantiene aferrada a ti. Hazlo, y desapareceré para siempre. Sino, seguiré. Seguiré aquí el tiempo que haga falta. Porque yo he firmado por un puto siempre, te lo recuerdo. ¿Cómo pudiste pasar de querer casarte conmigo a tratarme como un trozo de carne? Y lo que es peor... ¿cómo, después de todo, puedo seguir amándote? Quién lo va a entender, si ni siquiera yo lo sé.. Debo de tener el sentido común atrofiado, no entiendo qué veo en ti. Si me paro a pensarlo fríamente no encuentro ni un sólo motivo por el cual amarte, tan solo buenos recuerdos, pero no puedo vivir siempre en pasado, no puedo seguir siendo siempre una idiota más. Pero justo cuando estoy casi convencida, aparece tu sonrisa y me vence. Siempre me vence. Y lo seguirá haciendo por quién sabe cuánto tiempo... Quizá siempre. Es siempre lo mismo, es un final que no se acaba porque, en realidad, ninguno queremos ponerle fin. Y eso es algo que jamás me podrás negar. Di lo que quieras, yo sé que soy una parte importante en tu vida, que jamás me dejaste de querer, tan solo dejaste de hacerlo con la misma intensidad.