sábado, 8 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (I parte, III capítulo)


Pasados unos años, volvieron a encontrarse. Ya no eran los mismos... La mágia había desaparecido de las miradas de ambos. ¿Cómo un ángel puede perder sus alas? ¿Cómo pudo perder la mágia de su mirada? Quedaron una tarde, se pusieron al día. La mayor parte del tiempo estuvieron callados, no habían hecho nada con su vida desde entonces. Entonces la princesa se dio cuenta: "no era un sueño, era real... y mi príncipe ha vuelto a casa". Y de repente sonrió. Y él se quedó mirándola, aturdido. Hacía tanto que no veía su sonrisa... Y allí, en aquel lugar que no conocían, oscuro, que le daba la espalda al mundo, en un rincón perdido del universo, en un momento que jamás nadie recordará porque nadie estuvo allí, volvió a nacer la mágia gracias a un susurro que decía "te he echado de menos...". Aún no sé quién lo dijo, si la princesa o el ángel. Pero resonó por cada milímetro de la piel de ambos. Y mientras todo empezaba a coger color y a tomar sentido, la princesa, que siempre fue más rápida que la luz, le besó. Y las paredes volvieron a tomar ese color a recuerdo, ese tono a sueño a medio camino, y volvió el olor a rosa de esperanza. Y volvió. Volvieron. Y empezaron a configurar sus vidas, a colocar los muebles de La Luz Encantada que el huracán de desconfianza había destrozado.
Pasaron los días, y la mágia seguía creciendo, no sin el miedo ocasional de la princesa.

+ Tengo miedo príncipe... no sé cuánto durará ésta vez la felicidad. La Luz Encantada es tan grande... parece un sueño. Yo soy muy pequeñita, y mi mundo es de cristal. Puede recibir golpes y a penas agrietarse. Pero con un solo toque de la persona adecuada puede convertirse en un desierto de cristales rotos.

- No tienes miedo. Yo soy la capa de acero que recubre tu pequeño mundo, y lo fortalece para que nadie jamás pueda hacerte daño, si quiera agrietarlo. Hará falta mucho más que todo el poder de La Terrible Ciudad para separarnos.

La princesa sonreía. Confiaba ciegamente en sus palabras, pues jamás le había mentido. Día tras día iban descubriendo cosas nuevas, mundos extraños y maravillosos. Los Dos Eternos eran más fuertes que nunca, su amor les hizo fuertes. Y eran tan felices que deseaban compartirlo con los demás.
Enseñaron a todos su maravilloso mundo, querían que todos conocieran La Luz Encantada, que entendieran que había otra alternativa, que no tenían por qué vivir siempre en La Terrible Ciudad.

+¿Cuál es tu nombre, príncipe?

-¿Acaso importa? Te amo, ese es mi único nombre, lo único que anhelo escuchar de tus labios.

+Amar tiene condición de eternidad... ¿no te da miedo?

-Muchísimo, si no me lo diera no tendría sentido, pero mientras tú estés a mi lado seguiré siendo valiente, porque seguiré teniendo un motivo por el que respirar.

Era todo tan perfecto... habían logrado terminar de construir esos sueños a medio camino.

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