sábado, 8 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (I parte, II capítulo)


Pero La Terrible Ciudad jamás deja marchar sin más. A pesar de que deseaban estar juntos en La Luz Encantada (así bautizaron a su mundo, lugar de cuerdos que se creen locos), tenían cosas a medias en La Terrible Ciudad. Acordaron encontrarse cada medianoche en La Luz Encantada, a solas. Y así fue por mucho tiempo. Tras echarse tanto de menos, se descontaminaban del rencor de La Terrible Ciudad y seguían decorando su mundo. Llegó un punto en el que los recuerdos colgados en la pared tenían encima más capas y capas de recuerdos. El bosque de los sueños a mitad de camino se convirtió en una jungla maravillosa de la que, una vez en ella, no deseabas salir jamás. Y así fue, cada vez dolía más alejarse de aquel lugar, demasiado tiempo separados, la contaminación cada vez era más grande, el miedo a perderlo todo fue creciendo...
Llegó el día en que la ilusión casi se había apagado en la princesa: ya no era lo mismo. Las obligaciones en La Terrible Ciudad cada vez eran más, y más grandes cada día que pasaba. Cada segundo esa llama se apagaba, dejando su aliento lleno de vacío a su paso. Y es que, La Terrible Ciudad odiaba la felicidad. Éste es el dragón al que se tuvo que enfrentar el príncipe por su princesa.
Le dolía tantísimo verla así que decidió convertir su mundo en una burbuja. Pero esta burbuja había de ser mágica. Cada uno, se llevaría la mitad, para así poder seguir con las obligaciones que tenían sin salir de La Luz Encantada. Y he aquí el hechizo: cuando estuvieran juntos, esa burbuja iría creciendo cada vez más, siempre y cuando el vínculo que tenían fuera creciendo a la par. Y así fue por mucho tiempo. Muchísimo. Tanto, que la gente empezó a acostumbrarse a verlos y les pusieron por nombre "Los Dos Eternos".
Pero llegó un tiempo de pobreza. No hablo de escasez de alimento, ni de dinero, ni de cualquier otro tipo. Hablo de la peor escasez que existe: de fe.
Llegó un día en que Los Dos Eternos tuvieron que separarse. Se intercambiaron las burbujas, para que el tiempo que iban a estar separados estuvieran cada uno lleno del otro. Prometieron seguir en contacto, irían a verse, encontrarían un lugar a mitad de camino, un lugar para hacerlo suyo. Durante los primeros meses así fue. Siempre tenían ganas de verse, pero la trampa que les había tendido La Terrible Ciudad empezaba a dar sus frutos. Cada vez era más difícil poner de acuerdo los horarios, cada vez estaban más lejos y resultaba más difícil llegar a ese lugar a mitad de camino, cada vez pasaban menos tiempo juntos... Hasta que llegó el día en que dejaron de verse. Al principio luchaban contra ello, no querían aceptarlo, pero finalmente La Terrible Ciudad les venció. Se intentaron olvidar, la burbuja cada segundo que pasaba se iba haciendo más y más pequeña. La princesa sentía que solo había sido un sueño, un bonito sueño del que debía despertar, y que debía olvidar lo antes posible. Su corazón estaba tan lleno de rabia y tan vacío de esperanza y fe, que lo poco que quedaba de su burbuja mágica se convirtió en un agujero negro, que se tragaba todo a su paso. Se sentía traicionada, abandonada... confió en él y él se marchó. Cómo pudo hacerla esto... Se torturaba cada noche, lloraba en secreto, y con cada lágrima el agujero crecía en su interior.

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