Cariño, te escribo esto porque sabes que es la mejor manera que tengo para expresarme. Estos últimos días han sido increíbles, ahora entiendo que no quiero perderte. Eres maravilloso de todas las maneras posibles, he pasado las horas más felices de mi vida estando contigo, y despertar a tu lado no tiene precio, ni quiero ponérselo, porque ver tu sonrisa nada más abrir los ojos es el mejor regalo :)
He de reconocer que olvido mis enfados con tan solo un beso, es cierto, me desarmas, y me encanta que así sea. Eres la causa de la sonrisa permanentemente dibujada en mi cara, la razón por la que madrugo con ganas, el motivo más grande que hay en mi vida para soñar con un mañana. Pero solo si es a tu lado.
No es que no esté deseando que llegue el 2020 (o el 2018, aún hay que terminar de discutirlo), pero quiero que pase lento, muy lento, y que los momentos a tu lado se hagan eternos, solo para poder recordarlos el resto del tiempo que nos queda por vivir con todo detalle. Me gustaría no poder olvidar ni una sola de tus palabras, ni una sola de tus caricias, de tus sonrisas, de tus miradas.. no quiero olvidar ni uno solo de tus besos.. Pero mi memoria no da para tanto. Pero para eso mismo se inventaron las fotos, ¿no? :)
Quiero, dentro de mucho tiempo, abrir un libro viejo lleno años plagados de sonrisas. Un álbum lleno de fotos nuestras de lo que estamos viviendo ahora. Quiero poder recordar siempre la mirada que tenías cuando te conocí. Porque hay que reconocerlo.. hemos cambiado mucho. Los dos. Y los dos para mejor, ¿no te parece? :)
Bueno, no me enrollo más, que luego te me aburres y a ver qué hacemos. Así que termino esto con lo de siempre: dándote las gracias.
Gracias por apoyarme en todo aún cuando no me lo merecía, por soportarme en mis peores momentos, esos en los que hasta yo me habría tirado a mi misma a los cocodrilos con tal de no escucharme. Gracias por ayudarme a caminar cuando tenía miedo, por demostrarme que pase lo que pase no estoy sola, que tú vas a estar para cuidarme. Gracias por seguir a mi lado a pesar de que he estado tanto tiempo ciega. Gracias por quererme tanto como para esperar a que me diera cuenta de que estabas aquí, esperando por mi. Gracias por devolverme la ilusión, por mantenerla encendida en tu interior a pesar de tantas tempestades que hemos sufrido los dos. Gracias por hacer de tu vida un pedacito de la mía, y por ser mi vida entera. Gracias por demostrarme que hay algo mejor que los cuentos de hadas, algo real, algo sin final, porque los finales felices no existen: la felicidad aparece unida a un para siempre. Ese para siempre que tantas veces nos hemos jurado tú y yo, y que seguimos renovando cada día que pasa, cada vez con más ganas y más confianza. Gracias por ser mi mejor amigo, mi confidente, el chico que pediría una y otra vez a mi estrella fugaz. Gracias por ser como eres y por elegirme a mi, pudiendo tener a tantas otras, quizá mejores que yo. Pero que jamás te querrán más, amor.
Esto es para siempre, lo sé. Al menos por mi parte.
Te amo más de lo que puedas pensar, y más de lo que jamás podrás imaginar.
Eres lo que quiero tener siempre cerca, lo que quiero siempre en mi vida. La sonrisa que quiero ver cada despertar :)
Jv28
No es gran cosa, solo es un blog de sentimientos, recuerdos y de historias maravillosas. Bienvenidos a mi pequeño mundo.
jueves, 24 de enero de 2013
martes, 1 de enero de 2013
Los Dos Eternos (III parte, IV capítulo)
+Mi príncipe está dentro de él.
-¿Cómo? Pero eso.. eso es imposible, ¿cómo puede ser?
-¿Cómo? Pero eso.. eso es imposible, ¿cómo puede ser?
+No lo sé, pero es así...
Empezaron una especie de misión de espionaje. Iban a el bosque, y cuando se lo encontraban le seguían a hurtadillas, para intentar averiguar qué hacía, a dónde iba.. todo lo posible. Pero no hacía nada especial. Cuando iba a el bosque, paseaba por allí, daba un par de vueltas, miraba a su al rededor (con nostalgia, pensaba la princesa) y, finalmente, siempre acababa en el mismo sitio. En mitad de aquel bosque infinito, siempre encontraba un lugar concreto, en el que se sentaba, y podía pasar allí horas prácticamente sin moverse, pensando quién sabe qué. Era un lugar demasiado específico para ser casual. En aquel lugar, había tres árboles formando un triángulo. Las copas se tocaban entre si, formando también un triángulo con sus copas. Al rededor, el resto de los árboles formaban como una especie de círculo. Como si aquél fuera un lugar mágico dentro de aquel lugar sin mágia ya. Como si fuera el comienzo y final de todo el bosque. Pero, ¿qué tenía de especial realmente ese lugar? Tendrían que averiguarlo.
Por el momento, decidieron saber qué había detrás de él, cómo era su vida, fuera de ese bosque. Así que un día le siguieron, para ver dónde vivía. Con eso de mantener las distancias para que no les descubriera, siempre le acababan perdiendo.
+Cambiemos la táctica
-¿Qué vas a hacer?
+Ahora lo verás.
La princesa salió de su escondite y fue en dirección al extraño. Éste, al verla, la miró con cara de sorprendido, puesto que ni la había visto venir ni de dónde había salido. Ella, con la mejor de sus sonrisas, se acercó con paso seguro hacia él.
+¡Hola! ¿Qué tal? ¿Otra vez por aquí?
-Em.. si, eso parece. Igual que tú, por lo que veo. Hacía mucho que no te veía.
+Si, bueno, lo mismo que yo a ti, más o menos. Oye, ¿cómo te llamas?
-¿Qué es lo que quieres?
+Nada joe, qué desconfiado. Solo te he visto y me he dicho "vamos a saludarle", al fin y al cabo..
-¿Nos vemos mucho como para seguir siendo desconocidos?
+Exacto
-Bueno, a mi me gusta así. Le da intriga al asunto.
+Si bueno.. cómo tú quieras. La verdad es que yo me iba ya, así que..
-Si, yo también. ¿Vamos?
La princesa asintió y empezó a caminar junto a él. La primera parte de su plan había funcionado. Y la segunda.. ¿cuál era la segunda?
viernes, 28 de diciembre de 2012
Estúpido Ángel
Tantas cosas pasan de repente.. sin avisar, sin esperártelo. Donde, como y cuando jamás imaginarías. Y pasa. Y quizá no sabes cuándo exactamente, pero sabes que lo cambió todo.
Ya no es ese muchachito tan gracioso y majo que ves todos los días, ahora es esa sonrisa estúpida en tu cara y las ganas irrefrenables de abrazarle. O más bien de que te abrace. Y cualquier excusa es buena, no te vayas a creer. Hasta que llegas al "porque me apetece". Ahí ya no hay marcha atrás, hagas lo que hagas y pase lo que pase no le volverás a ver igual.
Es tan extraño.. de pronto, todo el eje de tu mundo se mueve, y todo cambia de sentido.Y te da igual el tiempo que haga, la gente que haya delante.. simplemente llega un momento en el que no puedes controlarlo. Ni tampoco evitarlo, te da igual lo que piensen. Es lo que sientes, ¡que digan lo que quieran!
Pero solo tú sientes eso. Estúpido Ángel.. ¡Caíste para protegerle, no para enamorarte! Tarde. ¿Por qué no avisaron esto? Deberían advertir de que algo así podría pasar..
Lo más gracioso, es que de todos los que lo están leyendo, eres tú el único que puede llegar a entenderlo. Irónico. Como todo lo que me rodea, ¿no? :)
Si, supongo. Mi vida suena a comedia barata. No importa. Ante todo, optimismo. Si a mi estas gilipolleces se me pasan rápido..
Y en fin, esas cosas que pasan cuando te enamoras.
Ya no es ese muchachito tan gracioso y majo que ves todos los días, ahora es esa sonrisa estúpida en tu cara y las ganas irrefrenables de abrazarle. O más bien de que te abrace. Y cualquier excusa es buena, no te vayas a creer. Hasta que llegas al "porque me apetece". Ahí ya no hay marcha atrás, hagas lo que hagas y pase lo que pase no le volverás a ver igual.
Es tan extraño.. de pronto, todo el eje de tu mundo se mueve, y todo cambia de sentido.Y te da igual el tiempo que haga, la gente que haya delante.. simplemente llega un momento en el que no puedes controlarlo. Ni tampoco evitarlo, te da igual lo que piensen. Es lo que sientes, ¡que digan lo que quieran!
Pero solo tú sientes eso. Estúpido Ángel.. ¡Caíste para protegerle, no para enamorarte! Tarde. ¿Por qué no avisaron esto? Deberían advertir de que algo así podría pasar..
Lo más gracioso, es que de todos los que lo están leyendo, eres tú el único que puede llegar a entenderlo. Irónico. Como todo lo que me rodea, ¿no? :)
Si, supongo. Mi vida suena a comedia barata. No importa. Ante todo, optimismo. Si a mi estas gilipolleces se me pasan rápido..
Y en fin, esas cosas que pasan cuando te enamoras.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, III capítulo)
Gracias al ángel, en menos de una semana logró construir un pequeño diario en el que iba añadiendo cada detalle que iba recordando.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
Los Dos Eternos (III parte, II capítulo)
+¡Príncipe!
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, I capítulo)
Pasó el tiempo, ella seguía yendo a ese lugar, aunque cada vez con menos frecuencia. De tanto pensar y pensar en aquellos momentos, los recuerdos se habían desgastado. A penas podía recordar su rostro.. Y poco a poco fue perdiendo importancia, y con la importancia fue borrándose el dolor, aunque siempre le quedaría una pequeña espinita en el corazón, por muy de acero que éste fuera.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Los Dos Eternos (II parte, IV capítulo)
No tardó mucho la princesa en dejar de serlo. Empezó una relación con ese nuevo chico que había entrado en su vida. En el fondo, ella sabía que no la llenaba, ni la llenaría, pero decidió que, si no podía estar con quien quería, al menos le daría una oportunidad a quien la quería.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
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