miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (II parte, IV capítulo)

No tardó mucho la princesa en dejar de serlo. Empezó una relación con ese nuevo chico que había entrado en su vida. En el fondo, ella sabía que no la llenaba, ni la llenaría, pero decidió que, si no podía estar con quien quería, al menos le daría una oportunidad a quien la quería.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.

-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?

+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.

-¿Dónde se encuentra ese lugar?

+¿La Luz Encantada?

-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?

+¿Te gustaría conocerlo?

-Me encantaría, la verdad.

+Está bien... sígueme.

En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.

-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.

+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.

-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.

+Pero solo fue..

-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?

+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?

-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?

+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?

-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.

No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.

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