Gracias al ángel, en menos de una semana logró construir un pequeño diario en el que iba añadiendo cada detalle que iba recordando.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario