Tantas cosas pasan de repente.. sin avisar, sin esperártelo. Donde, como y cuando jamás imaginarías. Y pasa. Y quizá no sabes cuándo exactamente, pero sabes que lo cambió todo.
Ya no es ese muchachito tan gracioso y majo que ves todos los días, ahora es esa sonrisa estúpida en tu cara y las ganas irrefrenables de abrazarle. O más bien de que te abrace. Y cualquier excusa es buena, no te vayas a creer. Hasta que llegas al "porque me apetece". Ahí ya no hay marcha atrás, hagas lo que hagas y pase lo que pase no le volverás a ver igual.
Es tan extraño.. de pronto, todo el eje de tu mundo se mueve, y todo cambia de sentido.Y te da igual el tiempo que haga, la gente que haya delante.. simplemente llega un momento en el que no puedes controlarlo. Ni tampoco evitarlo, te da igual lo que piensen. Es lo que sientes, ¡que digan lo que quieran!
Pero solo tú sientes eso. Estúpido Ángel.. ¡Caíste para protegerle, no para enamorarte! Tarde. ¿Por qué no avisaron esto? Deberían advertir de que algo así podría pasar..
Lo más gracioso, es que de todos los que lo están leyendo, eres tú el único que puede llegar a entenderlo. Irónico. Como todo lo que me rodea, ¿no? :)
Si, supongo. Mi vida suena a comedia barata. No importa. Ante todo, optimismo. Si a mi estas gilipolleces se me pasan rápido..
Y en fin, esas cosas que pasan cuando te enamoras.
No es gran cosa, solo es un blog de sentimientos, recuerdos y de historias maravillosas. Bienvenidos a mi pequeño mundo.
viernes, 28 de diciembre de 2012
jueves, 13 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, III capítulo)
Gracias al ángel, en menos de una semana logró construir un pequeño diario en el que iba añadiendo cada detalle que iba recordando.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...
-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?
La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.
-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?
+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.
-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?
+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.
La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.
+Mira, ahí está.
Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.
-¿Otra vez tú, enana?
+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa
+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.
Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.
+¿Has visto sus ojos?
-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?
+No, ese chico no es mi príncipe.
-Entonces, ¿qué tiene de especial?
+Mi príncipe está dentro de él.
Los Dos Eternos (III parte, II capítulo)
+¡Príncipe!
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.
+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...
Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.
-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (III parte, I capítulo)
Pasó el tiempo, ella seguía yendo a ese lugar, aunque cada vez con menos frecuencia. De tanto pensar y pensar en aquellos momentos, los recuerdos se habían desgastado. A penas podía recordar su rostro.. Y poco a poco fue perdiendo importancia, y con la importancia fue borrándose el dolor, aunque siempre le quedaría una pequeña espinita en el corazón, por muy de acero que éste fuera.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.
-Mira por dónde vas, enana.
+Si claro.. perdona
No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..
-Perdona, ¿qué miras?
+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.
-Espera, ¿nos conocemos?
+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.
-Nada, no te preocupes...
Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.
Los Dos Eternos (II parte, IV capítulo)
No tardó mucho la princesa en dejar de serlo. Empezó una relación con ese nuevo chico que había entrado en su vida. En el fondo, ella sabía que no la llenaba, ni la llenaría, pero decidió que, si no podía estar con quien quería, al menos le daría una oportunidad a quien la quería.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.
-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?
+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.
-¿Dónde se encuentra ese lugar?
+¿La Luz Encantada?
-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?
+¿Te gustaría conocerlo?
-Me encantaría, la verdad.
+Está bien... sígueme.
En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.
-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.
+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.
-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.
+Pero solo fue..
-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?
+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?
-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?
+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?
-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.
No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.
Los Dos Eternos (II parte, III capítulo)
La vida pasaba insípida ante los sentidos de la princesa. En muy poco tiempo conoció a muchísima gente, demasiadas historias, y se dejó llevar. Cerró con llave la puerta de sus sentimientos, para que nadie más pudiera volver a romper su mundo de cristal, aunque la verdad es que los pedazos se quedaron donde el príncipe los dejó. No se molestó en intentar recomponerlo, de hecho, ni si quiera se agachó para recogerlos. No merecían la pena...
Quería volver a ser la que era, antes de tener ese estúpido sueño, olvidarlo y continuar donde lo dejó. Puso todo su empeño, pero no lo logró. Ese sueño se repetía en sus adentros, inconscientemente, condenándola a recordarlo eternamente, haga lo que haga, intente lo que intente. Aún sin darse cuenta.
Decidió crear un nuevo mundo propio, pero éste no sería de cristal. Eso ya lo pensaría.
Por el momento, se conformaba con no pensar, con no sentir, dejarse llevar por las palabras de aquellos desconocidos a los que, sin saber muy bien por qué, llamaba amigos, aún sabiendo que tarde o temprano la abandonarían también. Supongo que lo hacía porque el momento, eran una buena excusa para mantener a la mente y al corazón alejados de todos esos recuerdos, dulces y dolorosos, que trataba de evitar a toda costa.
No tardó mucho en acostumbrarse a esa nueva situación. Y tampoco en conocer a cierto chico, no recuerdo su nombre, que en pocos días la llenó por completo la cabeza con su imagen. La princesa tenía miedo, pero aún así decidió seguir ese pequeño juego en el que había entrado sin querer, solo porque sabía que, si pensaba en otro, no pensaría en su príncipe, ese príncipe que la abandonó.
-¿Qué debo hacer? No quiero volver a caer... pero lo haré decida lo que decida. Incluso si me quedo quieta. Al fin y al cabo, no hacer nada es otra forma de elegir... Si paso de esto, seguiré con la cabeza en mi príncipe, seguiré destrozándome por dentro con cada segundo que pase, como he hecho estos últimos años. Pero si sigo, puede que el remedio sea peor que la enfermedad. Puede que me vuelvan a abandonar. Y esta vez sería peor... No, si ya lo decía yo. No te enamores, solo hay mucho que perder.
Y decidió lanzarse al vacío... una vez más. Completamente a oscuras. Y completamente sola.
Y así cambió pensar por dejarse llevar, y poco a poco su corazón se cubrió de hielo y acero. Aunque creía sentir amor, en realidad solo era una fantasía, un engaño de su cerebro. No es tan raro de entender, al fin y al cabo, ella necesitaba desesperadamente sentirse querida, y encontró unos brazos en los que proyectar esa ilusión. Pero al menos, con esa ilusión, era feliz.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Los Dos Eternos (II parte, II capítulo)
Se había recorrido cada palmo del país, estaba segura de que no había salido, se habría enterado.
Decidió visitar una vez más el bosque, por si acaso la melancolía empezaba a hacer mella en él. Quizá con un poco de suerte...
Cada árbol de aquél lugar le recordaba a su olor. Con cada paso el dolor se hacía más grande. ¿Y si no lograba encontrarle? ¿Y si él no la recordaba? No debía venirse abajo, pero resultaba tan difícil...
Se recorrió el bosque dos o tres veces, pero no encontró nada, ni a él ni ningún indicio de que él hubiera estado allí. Casi no recordaba el tono de su voz...
Tras llevarse otra desilusión en el bosque de los sueños, recorrió de nuevo cada uno de los lugares a los que habían frecuentado cuando aún eran felices juntos. Parecía que una eternidad había pasado por ellos. Estaban abandonados, llenos de polvo y de soledad. Ya no significaban nada. Habían sido olvidados, porque los lugares pierden su mágia cuando la persona que los hacía especiales ya no está a tu lado. La princesa estaba segura de que si le encontraba podrían volver a dar vida a todos estos lugares, a todos los sentimientos, a todos los recuerdos..
No estaba en ningún lado. ¿Cómo podía ser? Una persona no puede desaparecer así porque si...
La esperanza se apagaba. A veces la costaba recordar por qué luchaba. Había olvidado la voz de su príncipe por completo, y a penas recordaba sus ojos y su sonrisa. De vez en cuando la parecía oler su aroma, pero cuando se giraba nunca estaba él. Empezaba a pensar que deliraba, que realmente aquello solo había sido un sueño. Un sueño enfermizo, que había acabado completamente con su juicio.
+Ya está claro. Todo fue un sueño... ¿Cómo iba a existir alguien así? Debería haberme dado cuenta antes, no existe nadie tan perfecto, era solo un ideal... Y no existen otros mundos, éste es el que hay. He perdido mi tiempo persiguiendo un estúpido sueño...
Ese fue el momento en el que la princesa se dio por vencida. Comenzó de nuevo con su vida. Conoció a otra gente, salió por otros sitios, cambió... Y pronto también olvidó aquel sueño. Aunque muchas noches despertaba al alba, creyendo escuchar su voz, pidiéndola que no le olvidara, que siguiera buscando, que estaba más cerca de lo que pensaba...
Pero en fin, solo eran sueños.
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