sábado, 8 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (II parte, II capítulo)



Se había recorrido cada palmo del país, estaba segura de que no había salido, se habría enterado.
Decidió visitar una vez más el bosque, por si acaso la melancolía empezaba a hacer mella en él. Quizá con un poco de suerte...
Cada árbol de aquél lugar le recordaba a su olor. Con cada paso el dolor se hacía más grande. ¿Y si no lograba encontrarle? ¿Y si él no la recordaba? No debía venirse abajo, pero resultaba tan difícil...
Se recorrió el bosque dos o tres veces, pero no encontró nada, ni a él ni ningún indicio de que él hubiera estado allí. Casi no recordaba el tono de su voz...
Tras llevarse otra desilusión en el bosque de los sueños, recorrió de nuevo cada uno de los lugares a los que habían frecuentado cuando aún eran felices juntos. Parecía que una eternidad había pasado por ellos. Estaban abandonados, llenos de polvo y de soledad. Ya no significaban nada. Habían sido olvidados, porque los lugares pierden su mágia cuando la persona que los hacía especiales ya no está a tu lado. La princesa estaba segura de que si le encontraba podrían volver a dar vida a todos estos lugares, a todos los sentimientos, a todos los recuerdos..
No estaba en ningún lado. ¿Cómo podía ser? Una persona no puede desaparecer así porque si...
La esperanza se apagaba. A veces la costaba recordar por qué luchaba. Había olvidado la voz de su príncipe por completo, y a penas recordaba sus ojos y su sonrisa. De vez en cuando la parecía oler su aroma, pero cuando se giraba nunca estaba él. Empezaba a pensar que deliraba, que realmente aquello solo había sido un sueño. Un sueño enfermizo, que había acabado completamente con su juicio.

+Ya está claro. Todo fue un sueño... ¿Cómo iba a existir alguien así? Debería haberme dado cuenta antes, no existe nadie tan perfecto, era solo un ideal... Y no existen otros mundos, éste es el que hay. He perdido mi tiempo persiguiendo un estúpido sueño...

Ese fue el momento en el que la princesa se dio por vencida. Comenzó de nuevo con su vida. Conoció a otra gente, salió por otros sitios, cambió... Y pronto también olvidó aquel sueño. Aunque muchas noches despertaba al alba, creyendo escuchar su voz, pidiéndola que no le olvidara, que siguiera buscando, que estaba más cerca de lo que pensaba...
Pero en fin, solo eran sueños.

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