Quería volver a ser la que era, antes de tener ese estúpido sueño, olvidarlo y continuar donde lo dejó. Puso todo su empeño, pero no lo logró. Ese sueño se repetía en sus adentros, inconscientemente, condenándola a recordarlo eternamente, haga lo que haga, intente lo que intente. Aún sin darse cuenta.
Decidió crear un nuevo mundo propio, pero éste no sería de cristal. Eso ya lo pensaría.
Por el momento, se conformaba con no pensar, con no sentir, dejarse llevar por las palabras de aquellos desconocidos a los que, sin saber muy bien por qué, llamaba amigos, aún sabiendo que tarde o temprano la abandonarían también. Supongo que lo hacía porque el momento, eran una buena excusa para mantener a la mente y al corazón alejados de todos esos recuerdos, dulces y dolorosos, que trataba de evitar a toda costa.
No tardó mucho en acostumbrarse a esa nueva situación. Y tampoco en conocer a cierto chico, no recuerdo su nombre, que en pocos días la llenó por completo la cabeza con su imagen. La princesa tenía miedo, pero aún así decidió seguir ese pequeño juego en el que había entrado sin querer, solo porque sabía que, si pensaba en otro, no pensaría en su príncipe, ese príncipe que la abandonó.
-¿Qué debo hacer? No quiero volver a caer... pero lo haré decida lo que decida. Incluso si me quedo quieta. Al fin y al cabo, no hacer nada es otra forma de elegir... Si paso de esto, seguiré con la cabeza en mi príncipe, seguiré destrozándome por dentro con cada segundo que pase, como he hecho estos últimos años. Pero si sigo, puede que el remedio sea peor que la enfermedad. Puede que me vuelvan a abandonar. Y esta vez sería peor... No, si ya lo decía yo. No te enamores, solo hay mucho que perder.
Y decidió lanzarse al vacío... una vez más. Completamente a oscuras. Y completamente sola.
Y así cambió pensar por dejarse llevar, y poco a poco su corazón se cubrió de hielo y acero. Aunque creía sentir amor, en realidad solo era una fantasía, un engaño de su cerebro. No es tan raro de entender, al fin y al cabo, ella necesitaba desesperadamente sentirse querida, y encontró unos brazos en los que proyectar esa ilusión. Pero al menos, con esa ilusión, era feliz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario