sábado, 17 de octubre de 2015

Así se escupe un mal día

Hoy es un día de esos en los que la mayor parte del tiempo lo único que pasa por tu cabeza es "¿y por qué narices me he levantado yo hoy de la cama?". Un día de esos en los que cuando piensas que nada más puede ir mal vas y te sorprendes. Y es que además intentas centrarte en otra persona, en alguien especial, y que te cuente su día, para compartir su felicidad y olvidarte de esta jornada de pies izquierdos, y resulta que esa persona tampoco está teniendo un día muy alegre. Y se hace bola, como un trozo de carne que al final escupes. Pero, ¿cómo se escupe un mal día? Pues a mala ostia. Se escupe a base de improperios e insultos hacia todo aquello que pilles en tu camino, pisoteas y destruyes todo hasta que quede como tú, descompuesto, sin ganas de seguir. Excepto con esa persona. Para esa persona tienes que ser la alegría que le falta, tienes que ser los cimientos, una base segura y fuerte donde agarrarse, porque si esa persona está mal tu barco se hunde. Puedes soportar tempestades y años de horrible calma a la deriva, puedes soportar ataques de barcos enemigos y hasta puedes sobrevivir años sin sustento, pero si esa persona cae.. todo se acaba. Y entonces tu día deja de ser tan malo. Bueno, en realidad dejas de prestarle atención, deja de importarte la mierda de día que llevas y lo mierda que es la gente, porque lo que importa en realidad no es eso. Tienes que mantener a flote el barco, y por tanto a ti mismo. Y sonríes. Y haces el tonto hasta la médula, hasta que al otro le duela desde los mofletes hasta la tripa de reírse, o la cara de sonreír, y tu día deja de ser tan malo.
Quizá soy yo, que le amo con locura y eso precisamente, verle sonreír, es lo más bonito de mi jodida existencia. Quizá sea porque es el único que nunca me ha fallado y me siento en deuda con él. O quizá porque me sale del coño que él sonría y los demás lo vean, que vean que es mayor milagro que existe y que se lo están perdiendo por imbéciles.
Y es que ha sido el único que me ha hecho llorar de felicidad más de una vez, y el que ha estado ahí secándome las lágrimas cuando vosotros, hijos de puta, me las habéis sacado a patadas.
Pero qué os voy a contar, si sois todos unos gilipollas.

lunes, 23 de marzo de 2015

Perfecto

He aprendido que en la vida nada es perfecto, pero puede parecerlo.
Como cuando entra la luz de la mañana por la ventana, abriéndome los ojos, y descubro que tu sonrisa no me ha abandonado en toda la noche. O como cuando después de mucho tiempo te abrazo y tu olor me recuerda que unos días, unas semanas o unos meses no son nada en comparación con la eternidad que nos aguarda. O como cuando te hago el amor, cuando siento tu piel sin barreras, se acompasan nuestros latidos y el aire se llena de suspiros.
Quizá no sea perfecto, pero es lo más cerca del cielo que he llegado.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Epifanía del punto de inflexión

Despertó aquella mañana el sol tranquilo, parecía no tener prisa por arrancarla los sueños. Ella se levantó a todo correr, llegaba tarde otra vez. Antes de lanzarse al mar a nadar contra corriente un día más, guardó bajo la almohada sus sueños con cuidado. Eran lo único valioso que tenía en la vida, lo único que la daba identidad, lo único que la diferenciaba de todos aquellos contra los que nadaba día tras día, acabando agotada y sin encontrar la meta ni saber a dónde iba. No podía permitirse perderlos ni dejar que se rompieran. Pero ese día el sol llegó tarde y ella decidió dejar que la mecieran las olas. Estaba cansada de nadar, cansada de personas manufacturadas, de sentimientos envasados al vacío. Pero al mar no le gustó la idea y enfureció, embistiendo contra ella. Alzó sus olas al cielo en forma de amenaza, pero ella ni se inmutó. La habían robado tanto en la vida que habían acabado robándola el miedo. Y en mitad de aquella tormenta, ella, cansada de nadar, decidió dejarse llevar. Estuvo a punto de morir ahogada varias veces, perdió el rumbo, e incluso perdió de vista al sol. Se quedó tumbada, flotando, mirando al cielo, a solas con la Luna, haciéndose confesiones. Parecía no acabar nunca esa noche tan oscura, que la envolvía y devoraba por dentro poco a poco. Y de pronto, un disparo, el cielo negro envuelto en llamas. Echó a correr sin rumbo hasta que sus pies no aguantaron más, pero seguía escuchando los disparos a su espalda. Tras varios tropiezos, ya sin fuerzas para levantar, comprendió que no tenía a dónde ir, y que nada la quedaba ya por perder. Levantó por última vez y encaminó sus pasos hacia aquellos disparos, donde el cielo aquella noche era de un rojo intenso. Decidió que quería morir viendo algo hermoso. Y entre tanto ruido, tanta pérdida, tanta libertad negada y tantos sueños, inútiles bajo la almohada, unos ojos, una sonrisa que no juzgaba. Sin darse cuenta se vio arrastrada en un baile de pieles desnudas que no habían sentido en su vida más que frío, y que bajo ese manto negro hoy ardían. Todo a su alrededor había dejado de tener sentido. Sus sueños se mecían al compás de esas manos que cerraban sus heridas al tocarla, y tenía miedo. Miedo a que sus sueños perdieran el ritmo y se precipitaran al vacío rompiéndose en mil pedazos, miedo a no saber volver, miedo a perderse, miedo a esos ojos que no apartaban la mirada. Pero, ¿acaso no es cierto que no tuvo miedo en mitad de la tormenta? Ella no pertenecía a ningún lugar, no podía volver, ni podía perderse. Cerró los ojos y entregó a aquella sonrisa todos sus sueños, sus dudas, temores, le entregó su vida, se entregó por completo, y sintió cómo el frío desaparecía, junto con todo lo demás, en mitad de aquella noche. Parecía que no quería dejar nada sin engullir, incluyéndola a ella..


Al fin abrió los ojos. Aún era de noche. Aquella pesadilla la había desvelado. Levantó la almohada con cuidado para comprobar que sus sueños dormían donde siempre. Nada. No estaban. Habían desaparecido. La empezó a faltar el aire, el pánico se apoderó de ella, los disparos y el cielo en llamas volvieron a su mente, y un grito se ahogó en su garganta.
En ese momento recordó la Luna, la tranquilidad que sintió con ella, flotando en el mar sin rumbo. Y solo entonces sintió una respiración en la nuca. Se giró y ahí estaba, esa sonrisa que no juzgaba, esos ojos que la atraparon, esas manos, culpables de las caricias que curaron sus heridas, incluso las aún sangrantes. Había estado ahí toda su vida. Miró el reloj. El sol llegaba tarde otra vez.

- Tranquilo, hoy no tengas prisa, no me pienso levantar.

lunes, 7 de abril de 2014

De vuelta al mundo.

Él era como una brisa de verano, y fue el que la sacó de aquel invierno.
Ella no había podido olvidarle, fue su regalo de Reyes. A penas estuvieron unas horas juntos, pero se le coló dentro: sabía que él era 'la persona' y que no le iba a olvidar. Dicen que cuando llega lo sabes, y ella lo supo desde el momento en el que sus miradas chocaron.
Tuieron que pasar dos meses para que volviesen a verse, y otra vez la misma sensación. Le conocía desde siempre, estaba segura.
Con cada día juntos le redescubría de nuevo, la vida se simplificó a él y al tiempo hasta volver a verle. Todo lo demás había pasado a un segundo plano.
Amaba pasearse por su piel tintada con las yemas desnudas de sus dedos, suave, despacio, como si fueran heridas abiertas, con cuidado, con temor a hacerle daño. Amaba el sonido de su voz, la había declarado banda sonora de su felicidad. En sus ojos de espejo cóncavo se veía extraña, pequeña, imperfecta. Pero él la quería, y con eso la bastaba. Él era su siempre.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Sola Con La Luna (1)

28 de Noviembre de 2013

"La política agraria. ¿A mi qué coño me importa la política agraria?" pensaba Lucía. Por más que lo intentaba no lograba prestar atención en geografía. Además, la acababan de cambiar de sitio y se sentía extraña. Había pasado de primera a última fila y no se acostumbraba, la clase la parecía mucho más grande y temía desconcentrarse. Aunque bueno, con siete suspensos de ocho asignaturas que tenía tampoco iba a haber mucha diferencia. Su madre la había mandado un Whatsapp dicéndola que ya habían colgado las notas. "Qué desastre de evaluación". Aprovechando que estaba en última fila, sacó el móvil. Estaba hablando con Leire. Leire era una chica que había conocido hacía siete años en un campamento de la Iglesia de su antiguo colegio. No resultaría irónico si no fuera porque ambas eran ateas. Su amistad fue tomando forma durante los dos primeros veranos y se consolidó hacía cinco años, en el mismo campamento, entre besos y caricias en la oscuridad de una habitación con ocho personas más en una noche de Julio en Zamora. A partir de ahí habían vivido muchas cosas, pero jamás habían vuelto a ser solo amigas. De hecho, el viernes pasado habían quedado y parecían realmente una pareja. Leire había prometido ir a recogerla de clase un día y rezaba para que ese fuera el día, ya que entre unas cosas y otras no iban a poder verse en todo el fin de semana. Pero ella no decía nada. "No vendrá hoy..." pensaba entristecida, "y encima está siendo el jueves más largo de la historia". Los jueves Lucía salía de clase a las 15:10 en vez de a las 14:15 como el resto de los días, y entre el cambio de sitio, las asignaturas que la tocaban y las ganas de ver a Leire los minutos se la atascaban en la parte superior de la pantalla del móvil. Todavía la quedaban quince minutos en aquel aula. De pronto cayó en la cuenta de que tendría que enfrentarse a su madre y su enorme enfado, totalmente justificado, por sus notas. "Mierda, solo quedan catorce minutos". Desde ese momento no logró volver a atender, aunque escuchaba de fondo las impertinencias de su compañera Noelia, las ingeniosas respuestas del profesor y la risa inconfundible de su amiga Alejandra. "Cinco minutos..." Decidió comenzar a recoger, sin prisa, despacio, como si analizara una a una las cosas que iba metiendo en la mochila. Justo en el momento en el que la cerraba tocaba el timbre. Se levantó y se puso el abrigo.
- Gordas, os espero abajo, necesito un cigarro.
- ¿Pasa algo?-preguntó Lana preocupada. Lucía siempre las esperaba.
- Mi madre ya ha visto las notas...-Lana asintió. Lo comprendía perfectamente.
Miró el móvil. Dos malas noticias. Su amigo Kenzo no podía pasarse por su casa esa tarde y su madre la estaba esperando en la puerta. "Ánimo Lu". Se encontró con Shathu al salir de clase y bajaron juntos. Le contó las buenas nuevas.
- Joder, pues mucho ánimo. ¿Te vas ya entonces?
- No, me espero a fumarme el cigarro y ya parto hacia mi cruel destino.
Shathu soltó una carcajada. Flor giró la esquina y Shathu salió corriendo a su encuentro, mientras Lucía le seguía con más calma. Flor era una chica que antes iba al colegio. Lucía y ella habían sido grandes amigas hace unos años, hasta que Lucía conoció a Carol. La dio bastante de lado, y Flor tardó en perdonarla, pero volvían a llevarse bien. "Carol... uhm...". Recordó que iba a pasar a verla el sábado. O no, no sabía. Tenía que pensarlo.
- ¿Qué tal chicos? ¿Ya habéis acabado los exámenes?
- Si, por fin, ya era hora. ¿Tú qué tal?
- Bien, estoy a ver si me renuevan el contrato, que me quedan dos meses.
- ¿Hasta Enero?
- Si, hasta Enero,...
Lucía dejó de escucharles. Buscaba con la mirada a Leire, pero no, no había ido. La decepcionó bastante, pues tenía tiempo de sobra para hacerlo. "Parece ser que no me echa tanto de menos como decía...".
- ¿Lucía?-la voz de Flor la sobresaltó.
- ¿Qué? Perdona, andaba en mis cosas-los dos se rieron, era típico en Lucía.
- Ya vemos. Decía que qué tal han ido los exámenes.
- Um... eso no se pregunta, es de mala educación-comenzaron a reírse los tres.-Te lo digo cuando haga las recuperaciones.
- Está bien-aún se reía entre dientes.-¿Los has empezado ya?
- Si, ayer tuve economía, y mañana toca mates.
- ¿Y qué tal?
- No sé, creo que bien, pero estoy acojonada-apagó el cigarron tirándolo al suelo.-Me voy chicos, hasta mañana.
-Hasta mañana Lu, ¡suerte!
Lucía les dedicó una sonrisa mientras se alejaba. Vio el coche de su madre aparcado delante del estanco. Sorprendentemente, no la dijo nada más sobre sus notas a parte de preguntarla si las había visto. La preguntó también si sabía ya las fechas de las recuperaciones y después dejó el tema. Fueron a recoger a su hermano a casa de un amigo y la madre de Lucía dejó a los dos en casa y volvió al trabajo. Después de comer Lucía se preparó para empezar a estudiar y Gonzalo, su hermano, montó la Play Station 3 que le acababan de regalar. Se presentaba una tarde bastante aburrida.

A las nueve decidió que era hora de dejar de estudiar por ese día y que ya tocaba bajor a los perros. Salió de su habitación y se dispuso a pasar frío. Eran las 21:27 cuando sonó su móvil. Whatsapp.

Olaaa
No se a q viene eso de hablarme ahora
Si me dejaste claro q no kerias saber nada de miiii
No se si ire al concierto

"Mierda, Derek". Derek era un chico brasileño con el que había estado saliendo durante dos años. Lo habían dejado hacía ya cuatro meses, pero Lucía aún le quería. Era un chico de pelo rizado y moreno, de ojos oscuros, poco más alto que Lucía, deportista hasta que se lesionó la rodilla, y al que le encantaba salir a bailar, beber con sus amigos y cuidarse. Lucía siempre le llamaba pijo, aunque no lo era. Siempre cuidaba mucho su ropa, cómo se vestía, cómo se peinaba, todos los pequeños detalles. La mayoría de las veces que salían, Derek tardaba más en arreglarse que Lucía. Cuando lo dejaron, al principio dejaron de verse. Parecía la opción más fácil, y la menos dolorosa. Más tarde volvieron a verse y acabaron etiquetándose como "follamigos", o "amigos con derecho a roce", como prefiráis. Poco después se volvieron a separar, porque ninguno de los dos había olvidado al otro y empezaba a doler. Lucía conoció a Jarne, un chico que vivía a unos 30 minutos de ella en metro y con el que tenía mucho en común. Conectaron en seguida y empezaron juntos. Nunca habían hablado de qué eran o dejaban de ser, simplemente eran Jarne y Lucía, se lo pasaban bien juntos, podían hablar de cualquier cosa y estaban a gusto así, no hacían falta etiquetas. Además, Lucía siempre ha estado totalmente en contra de ellas, pues piensa que algo no es más importante o especial por ponerle nombre, sino por cómo te haga sentir. Llevaban ya un par de meses, todo iba genial, pero de pronto, por unas cosas u otras dejaron de verse. En ese tiempo Derek volvió a aparecer y volvieron a lo mismo de antes. Hacía un mes él la pidió volver. Ella le dijo que no, aunque le dio la oportunidad de demostrarla que había cambiado. No lo había hecho. La semana pasada habían acabado discutiendo a lo grande y Lucía le había dicho de todo. Y no de las mejores formas. Dejaron de hablarse, pero tres días después Lucía le llamó para pedirle perdón, no por lo que le había dicho, sino por cómo se lo había dicho. Parecía que estaban más o menos bien. Hacía un par de días Lucía vio anunciado un concierto para el próximo 21 de Marzo de su cantante favorito y le había mandado un mensaje informándole. Sabía que le gustaría saberlo, pero estaba claro que no de ella.

Ok
Pues perdona
Creí q querrías saberlo
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Haaa nada mas
Valeee
Siii muchas gracias
Me alegra saber q te va bien
Supongo
Por tu estado
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Y dq sabes si me va bien o mal? Solo por eso?
Eh, q ya me has dejado claro q te molesta q te hable
Ya no hace falta q seas amable
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Sabes cómo soy
Y soy asi
Pero bueno
No te preocupes
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Así de borde o así de amable?
Pq has sido las dos cosas
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Así de amable
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Pues has sido realmente borde
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Lo sientooooo
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Después dq te llamase pidiéndote perdón por lo q pasó
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Entiéndeme, me pusiste de hijo de puta para arriba
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Si lo sé me ahorro la llamada
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Bueno pues nada
Anda, cuídate
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Si te puse de hijo de puta para arriba, no sé para q te preocupas
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Es verdad
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Está claro q pedirte perdón a ti no sirve de nada
Asiq no sé q haces todavía con ese estado

Derek había puesto de estado "Alguien me dijo alguna vez que dos ex no podían ser amigos... al final tenía razón... es una pena". Según leyó el comentario de Lucía lo cambió por "Me alegra volver a besar tus labios".

Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres
Si yo te perdono
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Una mierda
Si se perdona no se restriega
Pero está claro q tenemos conceptos distintos
Y a q viene lo de "Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres"???
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Nada
Ya nada
Ha sido un error hablarte
Siento haberte molestado

En ese momento Lucía vio su nuevo estado. No podía estar más furiosa.


Eres un hijo de puta, un cabrón, un hipócrita y un mentiroso de mierda
Me saltas con lo de "Si el gilipollas soy yo por creer q todavía me kieres"
Y pones ese estado?
Y te atreviste a pedirme perdón y a decirme q me amabas, a la cara
Espero q te vaya bien siendo así de falso por tu mierda de vida
No vales ni de comida para cerdos
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Como te gusta jugar conmigo
Las mismas cosas de la última vez
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Perdona? Quién dices q juega con quién?
Yo al menos no te miento en la puta cara
Yo te digo te quiero y lo digo porque lo siento
Y no pongo a la semana estados como el tuyo

Se acabó. Derek bloqueó a Lucía. Pero ella tenía aún cosas que decirle. Con las lágrimas en los ojos, le pidió el móvil a su hermano, entró en el Whatsapp de Derek y le mandó el último mensaje. Sabía que mandárselo implicaba que según lo viese bloqueara también a su hermano. Esperaba que al menos lo leyese entero. Tenía que pensar muy bien, una a una, cada palabra que dijera. Era su última oportunidad para decirle lo que pensaba y sentía, o al menos lo que quería que él supiera que pensaba y sentía, pues esperaba no volver a tener que verle ni hablar con él. Diez minutos después el mensaje estaba listo para ser enviado. Llorando ahora más fuerte, pulsó la tecla que enviaría las últimas palabras que pensaba dirigirle.


Gracias por bloquearme. El que ha jugado conmigo has sido tú. Si realmente amas a alguien no la olvidas tan rápido. No creo ni que te imagines el daño que me has hecho ni el dolor que siento ahora mismo. Te pedí perdón, pero para ti no es suficiente. Tienes razón, dos ex no pueden ser amigos, al menos no así. Espero que te vaya muy bien sin mi, aunque está claro que así es. A diferencia de ti, yo aún te quiero, y de verdad, no como tú. Por desgracia yo no olvido tan fácilmente. Ójala, así ahora mismo no dolería tanto.

Le dolía enormemente el pecho. La costaba respirar. No entendía cómo podían haber acabado así dos años de relación. Sabía que no había sido una buena relación, habían tenido muchos problemas y lo habían dejado muchas veces, pero no creía que fueran motivos suficientes para acabar de este modo. Aún así, se alegraba en parte porque significaba que ya todo había acabado. Leyó varias veces el mensaje que le había enviado, esperando a ver si se conectaba, pero no lo hizo. Llevaba llorando alrededor de una hora cuando recibió un Whatsapp. Era Kenzo.


Wolas
Q tal la tarde?
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No me pillas en buen momento..
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Q pasa?
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Derek..
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Otra vez? Cuéntame
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No sabría q decirte..
Bueno, q soy gilipollas, pero eso lo sabemos todos
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Pq dices eso?

 Lucía le contó todo lo q había pasado. Kenzo había vivido gran parte de todo lo que había pasado desde que lo dejó con Derek, pues como él era muy celoso no podían quedar a solas, y no tenían muchos amigos comunes. Conoció a Kenzo por su anterior ex, Borja. Eran los mejores amigos. Lucía y él siempre se habían llevado bien, pero desde hacía alrededor de un año habían empezado a hablar y congeniar más. Kenzo era un gran chico, y siempre la había apoyado en todo, y ella trataba de hacer lo mismo con él. Tenía muchos problemas de autoestima, pues antes, cuando Lucía le conoció, padecía sobrepeso y eso conllevó muchas burlas por parte de otras personas. Ahora sin embargo había crecido, era bastante más alto que Lucía, había adelgazado muchísimo y, al parecer de Lucía, estaba guapísimo. Era un chico grande, de espaldas anchas, pelo oscuro y rizado que llevaba normalmente muy corto y ojos claros. A Lucía le encantaban sus ojos. Además, era un chico dulce, completamente fuera de los estereotipos, y con el que se podía hablar de todo. Tras contarle lo que había pasado hacía una hora ya con Derek, Kenzo enfureció. Tardó mucho en contestar, Lucía empezó a ponerse nerviosa. En su pantalla veía constantemente el mensaje "escribiendo..." debajo de su nombre, pero no recibía nada. Al fin llegó.

La gilipollas en toda esta historia no me parece que seas tú precisamente.
No podías saber que podría llegar a ser tan cruel, utilizando lo que aún sintieses por él para intentar algo contigo teniendo ya otra en la recámara con la q "consolarse" si no conseguía nada contigo. A saber a cuántas más tiene así. Una cosa ten clara, no te va a olvidar, le has marcado, dudo que nadie le vaya a aguantar tanto tiempo como lo has hecho tú, con todo el daño que te ha estado haciendo estos años. Espero que de verdad le duela haberte perdido porque q quieres q te diga, seguro q su nueva "adquisición" no vale ni la mitad q tú, ni le hará sentir como le hiciste sentir tú. Ojalá se tire el resto de su miserable vida intentando desesperadamente buscar a cualquier mujer q se parezca a ti, sin conseguirlo, pq no lo hará. No tiene ni idea de la persona q ha perdido a pulso, pq se lo ha buscado él solito. Y Lucía, escucha, no sé si seré el más indicado para decírtelo pero..
Yo no volvería ni a pensar en él, o hablar con él. Eso será lo que más le duela. No sé si estoy siendo demasiado duro, pero es lo que de verdad pienso. No se merece que le vuelvas a dirigir ni una palabra, y mucho menos que derrames una sola lágrima más por él, porque estoy seguro dq ahora mismo estás llorando, y no se lo merece. Sé que no le vas a olvidar de un día para otro, no te pido eso, pero sabes q el tiempo lo cura todo, lo comprobaste con Borja, eres fuerte y sé q puedes con esto y con todo lo q te echen. Asiq sonríe, sigue con tu vida, y no te preocupes q encontrarás a alguien q te quiera y valore de verdad.

Tras leer todo esto, Lucía no pudo evitar romper a llorar mucho más fuerte. Esta vez no era solo dolor, era también alegría, no podía creerse tener un amigo como él. Tras un buen rato hablando con él se sentía mucho mejor. De hecho, la conversación derivó en los problemas de autoestima de Kenzo. Pero era un tema demasiado largo, y a Lucía no le gustaba mucho hablar esas cosas por Whatsapp, asíque decidieron quedar al día siguiente. Era casi la una de la mañana cuando al fin se despidieron, y Lucía decidió que debería irse a la cama, a intentar dormir un poco, pues al día siguiente tenía que levantarse a las siete y tenía la recuperación de matemáticas. Bloqueó el teléfono y se metió en la cama. No llevaba ni diez minutos cuando sonó su teléfono. "No me lo puedo creer". Era Borja, que la daba un toque para que se conectara. Siempre hacía lo mismo. Como Lucía antes de dormir apagaba los datos para que no la llegaran Whatsapp que pudieran molestarla, si Borja la mandaba alguno y veía que no los recibía la daba un toque. "Al menos esta vez no son casi las tres de la madrugada. Algo es algo". Se conectó. Resultó que solo quería saber qué hacía ese finde, para ver si podían quedar el viernes a "sus horas de siempre" como decía él. Esas horas eran ni más ni menos que las dos de la mañana más o menos. Esa tradición comenzó cuando, después de que él la dejara, empezaron a quedar los días que la madre de Lucía no dormía en casa sobre las doce. Pero cada vez él llegaba más tarde, y un día Lucía le dijo que si se presentaba más tarde de las dos no le abriría la puerta. A partir de ahí Borja nunca llegó más tarde de esa hora y, si lo hacía, la llamaba para avisarla y decirla que si quería se fuera a la cama. La verdad es que era un encanto, y aunque hasta hacía relativamente poco, pues lo habían dejado hacía ya tres años y medio, ella había seguido en mayor o menor medida enganchada a él, él siempre se portó bien con ella, siempre la dejó las cosas claras y no la dio falsas esperanzas en ningún momento, aunque estuvieron de rollo hasta que ella empezó con Derek y quedaron varias veces en los momentos en los que ella y Derek lo dejaban. Hacía unos nueve meses que Borja había empezado con una chica, la primera después de Lucía, y la segunda. Lucía fue la primera para él. Cuando Borja empezó con ésta chica, Irenca, dejó de hablar a Lucía durante los seis primeros meses. Ahí fue cuando Lucía consiguió olvidarle por completo. Cuando lo dejó con Derek volvieron a hablar, aunque no habían quedado ni un solo día desde entonces. En parte, Lucía lo evitaba porque temía volver a caer, tenía casi seguro que le había olvidado pero no quería arriesgarse.

No sé si podré quedar, mi madre no me ha dicho nada dq vaya a irse
Y estas prisas q te han entrado de repente de verme?
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Tía, pues k hace mazo k no te veo y yo k sé
Además, kería hablar kontigo de una kosa
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De qué?
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Es sobre mi chica, y no sabía a kien rekurrir
Pero no kería kontarlo por akí

Al final Borja acabó  contándoselo por Whatsapp. No era nada grave, pero él era dado a preocuparse mucho y enseguida. Acabaron hablando de todo un poco, él le contó el problemilla con su chica, y que volvía a estar de broncas en casa con su madre. Ella le contó todo lo de Leire, y lo que había pasado esa misma noche con Derek. Nunca habían hablado así, tan abiertamente, pues la última vez que hablaron de verdad, sin porros de por medio y de algo que fuera un poquito serio Lucía seguía enamorada y Borja lo sabía, por lo que ambos cuidaban mucho todo lo que decían. Eso hacía que la comunicación fuera más complicada de lo que debería y al final siempre acababan hablando de chorradas. Sin embargo, esa noche todo era diferente. La conversación fluía sola, ninguno de los dos pararon a pensar si algo que dijeran podría hacer daño o sentarle mal al otro, hablaron como dos verdaderos amigos por primera vez en muchos años. Quizá la primera vez, pues aunque hacía ya siete años desde que se conocieron, Borja se enamoró de ella al poco tiempo y nunca pudieron volver a hablar como amigos. Un año después empezarían a salir, y año y medio más tarde Borja la dejaría. Tener esa conversación ahora significaba mucho para los dos, cambiaba totalmente la manera de tratarse y la simple idea de poder volver a quedar y no hacerse daño mutuamente les hacía ilusión a ambos. Sin embargo, tardarían en acostumbrarse, lo tenían claro, pues quisieran o no siete años pesan mucho.

Me alegra poder hablar así kontigo
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Lo estaba pensando. A mi también..
En algún momento tenía q olvidarte capullo!
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Jajaja cierto cierto
Entonces kedamos así, si tales me mandas un mensaje?
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Claro :)
Me voy a dormir ya, si su majestad me lo permite
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Jajajaja claro k si tía
Cuídate mucho y si hay suerte te veo mañana
Un besito fea
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Un beso idioto, cuídate

 Volvió a apagar los datos y se metió en la cama. Hacía frío, asique se acurrucó y se tapó con la manta hasta la cabeza. Poco después su gato, Janus, se intentó acomodar a su lado, asique Lucía sacó la cabeza y un brazo, esperó a que Janus se colocara y le abrazó. Siempre dormían igual. La primera noche que él pasó en casa, hacía ya tres años y medio, Janus estaba muy nervioso y asustado por estar en un lugar nuevo con personas que no conocía. Tenía a penas un mes. Se escondió en un rincón de la habitación de Lucía todo el día, y por la noche, cuando ella se tumbó y ya se había quedado dormida, él salió del rincón. Subió a la cama y la olisqueó el pelo. Lucía se despertó y Janus salió corriendo. Se levantó de la cama despacio, Janus intentaba meterse aún más en el rincón, asustado. Ella se acercó despacio y se puso en cuclillas delante de él.

- Hola pequeño, ¿sigues con miedo? Yo también me siento así, pequeña, indefensa, sola... Pero no tienes de qué preocuparte, estoy aquí para cuidarte y darte todo el cariño que pueda. Y lo voy a hacer siempre, te lo prometo. Asique tranquilo, que cuando quieras salir de ahí yo estaré por aquí esperándote para darte mimos.

Sabía que si le forzaba a salir sería peor y tendría aún más miedo, asíque prefirió dejarle ahí y que saliese cuando quisiera por su propio pie. Sabía que en algún momento empezaría a desaparecer ese miedo totalmente entendible que sentía y se soltaría. Había que darle tiempo. Volvió a meterse en la cama y, poco después, Janus subió también. Comenzó a olisquearla el pelo de nuevo. Lucía subió la cabeza despacio, él se asustó y se alejó un poco.

- Ven anda, no te voy a hacer nada malo.

Poco a poco se fue acercando, Lucía alargó la mano y él se agachó asustado de nuevo. Ella no hizo caso a su miedo y puso su mano sobre él, le acarició por primera vez y Janus empezó a ponerse recto de nuevo. Se acercó un poco más y Lucía se tumbó en la cama. Él se colocó en el lugar en el que a partir de ese momento dormiría todas las noches a su lado. Sin dejar de acariciarle con una mano, Lucía sacó la otra, se acurrucó junto a él y le abrazó. Empezó a ronronear y Lucía, por primera vez, se durmió escuchando ese sonido sin el que ahora no sabía conciliar el sueño. Ahora ella no sabía dormir sin él, se sentía rara y extraña cuando dormía en otros lugares, sin poder abrazarle. Era como si la faltara una parte de sí misma. Le quería a rabiar. Abrazada a él como estaba, no pudo evitar sonreír al recordar todo esto y, después, pensó en el día que había pasado. Derek, Kenzo, Borja... Eran más de las tres de la mañana cuando al fin se despidió de Borja. Aquel día habían pasado muchas cosas, y la realidad era que no todas eran malas. Las cosas empezaban a cambiar. Se levantó un segundo y escribió lo que ella denominaba "la frase del día". No todos los días tenían frase, había días en los que no pasaba nada reseñable, pero la mayoría si. Cogió su pequeño cuaderno de tapas negras y hojas de colores, apuntó la fecha y escribió: "Antes de que te des cuenta todo habrá cambiado para siempre".
Volvió a meterse bajo la manta, cerró los ojos y, con ellos, aquel día tan largo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Proyecto de libro

4 de julio de 2013.
- ¿Como q no?
Lucia llevaba ya mas de dos años y medio con su novio, Derek. Desde hacía unos meses éste había cambiado: se había metido en una Iglesia, y no la daba muy buena espina. En realidad llevaba en ella desde pequeño, pero nunca la había hecho mucho caso. Todo eso cambió cuando, en el mismo mes, perdió la consciencia a causa del alcohol en dos ocasiones. Tras la segunda vez que despertó en su casa sin saber qué había pasado a partir de las cuatro ni cómo había llegado hasta allí, decidió entrar más en la Iglesia. Y beber menos, claro. Desde que entró, las cosas habían cambiado mucho en su relación. Él hablaba de Dios al menos una vez al día, tuvieron discusiones larguísimas acerca de si el suicidio era pecado o no y se debería ir al infierno por ello y, lo más importante, Derek había decidido no volver a tener relaciones sexuales hasta el matrimonio. Todo esto cambió en el periodo de una semana. Esta situación era especialmente violenta para Lucía dado que ella era atea. La empezó a preocupar aún más cuando Derek empezó a llamar "líder" al que era su "guía espiritual". Un día en el que fueron a la fiesta de cumpleaños de un amigo, Lucía le preguntó si creía que lo suyo tenía futuro. Él no dudó un segundo en contestar.
- No
- ¿Como que no?
- Pues eso, yo qué sé, no.
- Ah... genial.
Lucía decidió irse a casa, y dado que eran más de las tres y media de la mañana, algunos que tomarían la misma dirección que ella y Derek, que la acompañaría a casa, se fueron también. Lucía fue sola, apartada del grupo, pensando en lo que había dicho Javi. "¿Cómo que no? Con todo lo que me he esforzado, todo lo que he hecho por él.. ¿No ha servido para nada?" Al llegar al portal solo se dijeron "buenas noches, descansa". Lucía se enfadó aún más. "No se piensa disculpar, le da absolutamente igual". Cuando subió, sin hacer mucho ruido para no despertar a su madre, a su hermano pequeño y especialmente a los perros, entró en su habitación y se empezó a cambiar mientras pensaba en esa noche. Se lo había pasado bien. Derek había estado cariñoso, se había reído mucho jugando a las cartas con Neizan, Guns y los demás y no había bebido mucho. Se lo había prometido a su madre. Sonrió mientras lo pensaba, hasta que se acordó de la respuesta de Derek. "No". La sonrisa se esfumó. Le mandó un sms. "Si tú no le ves futuro, yo no le veo sentido. Si tú no crees en nosotros, ¿quién va a hacerlo? No puedo darte ni demostrarte más". Veinte minutos después su teléfono sonó.
- ¿Qué quieres?
- A ver, ¿por qué te has puesto así?
- Ah, ¿te parece exagerada mi reacción con respecto al hecho de que mi novio no crea que tenemos futuro?
Derek gruñó. Lucía sabía perfectamente que él odiaba que usara el sarcasmo cuando discutían, por eso mismo lo hacía.
- Pues si, me parece exagerada. No puedo creer en un futuro lejano si ni si quiera sé qué va a pasar mañana.
- Eso no significa que, teniendo en cuenta cómo nos van las cosas, no puedas pensar que quizá podamos tener un futuro juntos.
- Mi amor, claro que podría pasar eso, pero también podría pasar algo y dentro de un mes no solo haberlo dejado, sino que alomejor ni nos hablásemos. Eso... Dios lo decidirá.
- Joder con Dios. No entiendo por qué cojones tienes que meterle en todo. Si el futuro de esta relación depende de alguien es de nosotros, no de él.
Tras una larga discusión, Lucía se dió cuenta de que no le iba a convencer dijera lo que dijera, así que le dió la razón y colgó como si todo estuviera arreglado. Se fue a la cama, pues ya eran más de las cinco, pero no logró dormir. Seguía dandole vueltas.
Al día siguiente, cuando se levantó, decidió que tenía que hablar con alguien sobre este tema. Tenía que haber alguien capaz de hacerle cambiar de opinión. No podían seguir así, ni él ni ella. Decidio preguntar a Neizan, al fin y al cabo él era su mejor amigo. Lo más fácil sería mandarle un Whatsapp, pero dado que por móvil tenía un patatófono era mejor llamarle.
- ¿Si?
- ¿Neizan? Soy Lucía, me gustaría hablar contigo.. es sobre Derek.
- ¿Ya estáis otra vez con problemas? Llevábais mucho sin discutir.
- Lo sé, pero esta vez es diferente.. es peor.
- ¿Qué ha pasado Lu?
- Es largo de contar.. ¿Cuándo puedes quedar?
- No tengo planes cercanos así que cuando quieras.
- ¿Mañana a las seis en el metro?
- Perfecto, ahí estaré.
- Muchas gracias Nei, de verdad.
- Guárdate tus gracias anda, y sea lo que sea no te ralles demasiado. Hasta mañana guapa.
- Hasta mañana.
"La verdad es que Nei es un tio genial" pensó mientras salía de su habitación. Eran las tres de la tarde, por lo que su madre se enfadaría con ella otra vez.
- Hola
- Hola tata
Su hermano, cómo no, ya estaba jugando a la Xbox.
- Ya era hora. ¿A qué hora llegaste ayer?
- En realidad no muy tarde, solo que luego estuve hablando con Derek hasta tarde.
- ¿No estuviste con él?
- Si...
- ¿No te trajo a casa?
- Si mamá, me acompañó hasta el ascensor.
- ¿Entonces qué tenías que hablar con él?
- Nada mamá, da igual.
- No, no da igual si te levantas a estas horas. Hoy no saldrás, ¿no?
- No creo
Se sentó al lado de su hermano en el sofá y cogió el mando libre para jugar con él.
- ¿Cómo que no crees? Tienes cosas que hacer en casa y asignaturas que estudiar, se te pasa el verano sin hacer nada.
- Después de comer me pongo.
- Eso dices siempre. Encárgate de la comida tú, que yo voy a comer con Chus y ya llego tarde.
- Vale, avisa cuando llegues.
- Como si os importara.
Se fue dando un portazo, lo cual ya era lo normal. Ese Chus no la gustaba nada. Su madre y él llevaban juntos casi dos años, pero nunca había sido fácil, y bonito menos. Al principio parecía un tío genial, intentaba hacer planes para los cuatro, pero luego nunca hacían nada. Tampoco era fâcil, ya que su madre y él habían empezado la relación cuando ella aún estaba casada. Llevaban un par de años intentando echar a su padre de casa, pero no había forma, y meterse en un divorcio resultaba muy caro, a parte de que su madre no se sentía con fuerzas para enfrentarse a todo lo que aquello suponía. Llevaba con depresión desde que Lucía tenía memoria. Pero encontrar a otra persona cambió las cosas y pusieron en marcha el divorcio, e incluso pusieron fecha para la boda. Pero pocas semanas antes de la boda, a punto de terminar todos los trámites del divorcio, se descubrió algo que lo cambió todo. Resultó que Chus era un estafador de mujeres, y su madre no era más que otra víctima. Pocos días después rompieron y se canceló la boda. Sin embargo, volvieron en menos de un mes, y desde entonces, como su madre no terminaba de fiarse de él, rompian y volvian constantemente.
Su hermano la arrancó de sus pensamientos con una pregunta.
- Qué tata, ¿unos zombis?
- Claro, dale.
No llegaba a entender por qué, pero matar zombis en la Xbox la relajaba enormemente y, además, así dejaba de pensar.
Una hora después acabaron la partida y sonó el teléfono.
- Dime mamá.
- ¿Habéis comido?
- Si
- Vale, yo en un rato iré para allá, ¿bajáis a recogerme?
- Vale, avisa y bajamos.
"Que mujer más estresante" pensó.
- Enano, ¿qué quieres comer?
- No sé, no tengo hambre.
- Yo tampoco, este calor quita las ganas de todo... Un sandwich y fuera, ¿vale?
- Vaaaaaaaaaale...
Al final su madre no volvió, ni siquiera a dormir, asíque aprovechó y llamó a Derek. Sobre las 10, cuando volvieron de sacar a pasear a los perros, él llegó. Cenaron viendo la tele y hablando de todo un poco, cada vez que la madre de Lucía dormía fuera la rutina era la misma. Después de la cena se sentaban los tres en el sofá y veían una peli. Ese momento a Lucía le encantaba. Se sentaba al lado de Derek y éste la rodeaba con un brazo. Ella se quedaba allí, recogida, protegida, sintiendo su respiración y oliendo su perfume. Incluso, si ponía atención, podía escuchar los latidos de su corazón a pesar del excesivo volumen del televisor. Rara vez hacía caso de la película.
Al acabar, su hermano se fue a la cama con los perros y ellos fueron a la habitación de su madre. Quería hablar con él de la discusión del día anterior, pero temía que el sacar el tema estropeara la noche. Se tumbaron en la cama y se contaron su día entre besos y caricias. Hacía ya un tiempo que Derek olvidó su voto de castidad. Y menos mal, porque el simple roce de su piel la hacía estremecerse. Le amaba con toda su alma.
Rato después, abrieron la ventana por completo y se volvieron a tumbar en la cama, esta vez felizmente agotados. A pesar del calor, Derek la abrazó y la besó.
- Te amo Derek.
- Y yo a ti pricesa.
- Perdona como me puse ayer...
- No te preocupes, ¿vale? Yo tampoco lo hice bien, y siento mucho haberte hecho daño... Pero es así como yo veo las cosas.
- Lo sé.
La besó suavemente los labios y la acarició el pelo mientras la miraba.
- ¿Nos vamos a dormir ya?
- Si, estoy agotada.
- Yo tambien. Buenas noches preciosa.
- Buenas noches amor.
Y tras el ultimo beso del día, durmieron abrazados toda la noche. Todo era perfecto.
- Buenos días princesa.
Lucía abrió los ojos lentamente, la luz del día entraba por la ventana y la cegaba. Se giró hacía donde venía la voz y le vió, con su perfecta sonrisa, mirándola.
- Buenos días mi vida, ¿cuanto tiempo llevas despierto?
- El suficiente para ver que tengo a la novia más guapa hasta cuando duerme.
Sonrió. "Quiero que todos los despertares del resto de mi vida sean así, quiero que su sonrisa sea lo primero que vea cada día al despertar". Era feliz.
Tras una necesaria ducha fueron a desayunar.
- Amor, yo termino y me voy, no vaya a ser que hoy llegue tu madre antes.
- Vale, nosotros nos vestimos y ya bajamos a los perros.
- Perfecto.
La dio un beso rápido en los labios y apuró lo que le quedaba de café.
- Nano, vístete.
El hermano de Lucía refunfuñó y se levantó del sofá.
- Yo también tengo que cambiarme.
- ¿No puedo ir contigo?
- Si te atreves...
Se lanzaron miradas cómplices de deseo mutuo. Derek se levantó y siguió a Lucía hasta su habitación.
Un tiempo después salieron de la habitación. Lucía le besó mientras se recolocaba el pelo.
- Tú y yo no podríamos vivir juntos.
- Ya, ya lo sé.
Derek la devolvió el beso. Realmente Lucía pensaba que no podrían vivir juntos, y no solo porque pasarían más tiempo en la cama que fuera de ella, eran muy diferentes en muchos aspectos y tenían planes de vida muy distintos. La daba miedo pensar en el futuro, y se esforzaba por no hacerlo. Al fin y al cabo el próximo verano él volvería a Brasil, pues tras casi seis años en España sin ver a su padre y a la mitad de su familia era fácil de comprender que quisiera hacerlo. Además, su hermano pequeño hacía más de dos años que se había ido a vivir a Brasil. Quizá el verano siguiente cambiaría todo. Tal vez no volviera. Tal vez encontrara a otra. Tal vez..
- Amor, ¿qué te pasa?
- ¿Qué?
- ¿Ya te estabas rallando?
"Joder, qué fama tengo"
- No, no, estaba pensando en las cosas que tengo que hacer antes de que vuelva mi madre.
Bajaron con los perros y se despidieron en el parque.
- ¿Cuándo te vuelvo a ver?
- No sé, tú llámame.
La dio un beso rápido y sin decir más se fue. Cada vez que se despedían Lucía se sentía abandonada. Y nunca sabía cuando era buena hora para llamarle. A pesar del tiempo juntos no se acostumbraba a esa sensación. Subieron a casa. "Esta tarde he quedado con Neizan, casi se me olvida".
Eran casi las cinco de la tarde cuando su móvil sonó. "¿Un mensaje? Qué raro". Cogió el móvil mientras se desenredadaba el pelo después de la ducha. Era Neizan.
"Guapa, no voy a poder verte esta tarde, estoy en urgencias por la muñeca.. te importaría pasarlo a mañana? De verdad q lo siento.."
"Q te ha pasado? No, no importa, mañana te veo, mismo sitio y misma hora."
"Mañana te cuento, pero no te preocupes, nada grave, sq mi madre exagera mucho. Un besito guapa"
Neizan y su muñeca, siempre andaba igual. Aunque no quería admitirlo, sentía que la había dejado tirada, pero solo con pensarlo se la revolvian las tripas, en el fondo sabía que no, pero no podía evitar sentirse así.
Terminó de secarse y volvió a ponerse el pijama: total, no iba a salir. Se sentó delante de la tele y se preparó para una maratón de películas en la única compañía de sus mascotas y un enorme bol de palomitas.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Estamos vivos

- ¿Y esa cara tan mustia?

+ He perdido todo.. todo lo que me importaba.. todo..

- ¡Vamos! Puedes volver a tenerlo todo, siempre y cuando no permitas que la palabra "todo" signifique "todas las cosas del mundo", claro. Aún nos quedan días de grandeza, en los que no importará nada más allá de las pupilas y de lo que en ellas se refleje. Llegarán noches de locuras y despropósitos, de esas que te dejan recuerdos borrosos con sabor a resaca. Haremos estupideces, ¡somo jóvenes! Y lloraremos las consecuencias. Aún nos queda por soportar soledades y convivir con remordimientos. Quizá nos arrepintamos de dos de cada tres pasos que demos. Nos falta por vivir todavía los grandes éxitos y hacer el amor por los rincones como si no hubiera mañana. Nos queda mucho por correr aún, muchísimo, así que levanta la cabeza, que los tiempos de llorar ya llegarán. ¿No te das cuenta? ¡Estamos vivos!

martes, 5 de febrero de 2013

Así comienza todo.

Y entonces, una mañana te levantas y ves que la vida pasa. Te das cuenta de que tienes 18 años, sigues en el instituto, ha pasado la mitad de tu juventud y tu vida aún no se parece en nada a lo que quieres que sea en un futuro. Y te paras a pensar. Y empiezas a echar cuentas entre los "te quiero" que dijiste y los que te quedan, restas los "para siempre" que se quedaron en "para un rato", divides los amigos que tuviste entre los que te quedan, sumas alegrías, restas penas, problemas, discusiones, adioses y "hasta luego" que nunca volvieron... Y el resultado es darte cuenta de que aún no has hecho nada importante con tu vida, que lo único que has hecho ha sido restar, llevar una vida vacía, la cual ni si quiera has llevado tú, sino que te ha sido dada, y te han dicho qué hacer y qué decir a cada paso que dabas. Y de pronto te enfadas, te molestas contigo mismo, y haces alguna estupidez, alguna locura. Quizá te hagas algún tatuaje o un piercing, quizá te tiñas el pelo o te hagas un corte rarísimo. Alomejor te vistes de negro y te pintas los ojos. Quizá rompas algunas fotos de gente que te abandonó. Alomejor, incluso, te permitas odiarlos por un rato, por dejarte solo en el peor momento, por irse sin despedirse, por no darte explicación alguna. Y quizá te odies a ti mismo por no olvidarles nunca. Y después de esa tormenta, calma. Aparente calma. Te miras al espejo y no ves lo mismo que ayer. Te miras al espejo y sonríes, porque sabes que has empezado a vivir y ya nadie te puede parar.

domingo, 3 de febrero de 2013

Después de ti, tú. Y luego, tu recuerdo.


Me dejaste. Te diste la vuelta y te fuiste. No volví a saber de ti. Tu sonrisa no volvió a girarse para dirigirse a mi. Olvidaste las canciones, los sueños, los momentos importantes. Me olvidaste. Los sueños que juntos construimos se volvieron fina arena entre unas manos abiertas. Eras todo lo que tenía, y sin si quiera decir adiós ni dar una sola explicación te fuiste. Me abandonaste.
No he logrado aún entenderlo, no entiendo qué hice mal, tan mal como para que de la noche a la mañana pasara de ser todo a nada para ti. Supongo que moriré intentando entenderlo. Esto demuestra que no todo por lo que se lucha se consigue, no todo lo importante es para siempre, y que por mucho que te esfuerces hay cosas que no entenderás jamás. Y es que por mucho que digan, si hay cosas imposibles.

jueves, 24 de enero de 2013

Carta al amor de mi vida:

Cariño, te escribo esto porque sabes que es la mejor manera que tengo para expresarme. Estos últimos días han sido increíbles, ahora entiendo que no quiero perderte. Eres maravilloso de todas las maneras posibles, he pasado las horas más felices de mi vida estando contigo, y despertar a tu lado no tiene precio, ni quiero ponérselo, porque ver tu sonrisa nada más abrir los ojos es el mejor regalo :)
He de reconocer que olvido mis enfados con tan solo un beso, es cierto, me desarmas, y me encanta que así sea. Eres la causa de la sonrisa permanentemente dibujada en mi cara, la razón por la que madrugo con ganas, el motivo más grande que hay en mi vida para soñar con un mañana. Pero solo si es a tu lado.
No es que no esté deseando que llegue el 2020 (o el 2018, aún hay que terminar de discutirlo), pero quiero que pase lento, muy lento, y que los momentos a tu lado se hagan eternos, solo para poder recordarlos el resto del tiempo que nos queda por vivir con todo detalle. Me gustaría no poder olvidar ni una sola de tus palabras, ni una sola de tus caricias, de tus sonrisas, de tus miradas.. no quiero olvidar ni uno solo de tus besos.. Pero mi memoria no da para tanto. Pero para eso mismo se inventaron las fotos, ¿no? :)
Quiero, dentro de mucho tiempo, abrir un libro viejo lleno años plagados de sonrisas. Un álbum lleno de fotos nuestras de lo que estamos viviendo ahora. Quiero poder recordar siempre la mirada que tenías cuando te conocí. Porque hay que reconocerlo.. hemos cambiado mucho. Los dos. Y los dos para mejor, ¿no te parece? :)
Bueno, no me enrollo más, que luego te me aburres y a ver qué hacemos. Así que termino esto con lo de siempre: dándote las gracias.
Gracias por apoyarme en todo aún cuando no me lo merecía, por soportarme en mis peores momentos, esos en los que hasta yo me habría tirado a mi misma a los cocodrilos con tal de no escucharme. Gracias por ayudarme a caminar cuando tenía miedo, por demostrarme que pase lo que pase no estoy sola, que tú vas a estar para cuidarme. Gracias por seguir a mi lado a pesar de que he estado tanto tiempo ciega. Gracias por quererme tanto como para esperar a que me diera cuenta de que estabas aquí, esperando por mi. Gracias por devolverme la ilusión, por mantenerla encendida en tu interior a pesar de tantas tempestades que hemos sufrido los dos. Gracias por hacer de tu vida un pedacito de la mía, y por ser mi vida entera. Gracias por demostrarme que hay algo mejor que los cuentos de hadas, algo real, algo sin final, porque los finales felices no existen: la felicidad aparece unida a un para siempre. Ese para siempre que tantas veces nos hemos jurado tú y yo, y que seguimos renovando cada día que pasa, cada vez con más ganas y más confianza. Gracias por ser mi mejor amigo, mi confidente, el chico que pediría una y otra vez a mi estrella fugaz. Gracias por ser como eres y por elegirme a mi, pudiendo tener a tantas otras, quizá mejores que yo. Pero que jamás te querrán más, amor.
Esto es para siempre, lo sé. Al menos por mi parte.
Te amo más de lo que puedas pensar, y más de lo que jamás podrás imaginar.
Eres lo que quiero tener siempre cerca, lo que quiero siempre en mi vida. La sonrisa que quiero ver cada despertar :)
Jv28

martes, 1 de enero de 2013

Los Dos Eternos (III parte, IV capítulo)

+Mi príncipe está dentro de él.

-¿Cómo? Pero eso.. eso es imposible, ¿cómo puede ser?

+No lo sé, pero es así...

Empezaron una especie de misión de espionaje. Iban a el bosque, y cuando se lo encontraban le seguían a hurtadillas, para intentar averiguar qué hacía, a dónde iba.. todo lo posible. Pero no hacía nada especial. Cuando iba a el bosque, paseaba por allí, daba un par de vueltas, miraba a su al rededor (con nostalgia, pensaba la princesa) y, finalmente, siempre acababa en el mismo sitio. En mitad de aquel bosque infinito, siempre encontraba un lugar concreto, en el que se sentaba, y podía pasar allí horas prácticamente sin moverse, pensando quién sabe qué. Era un lugar demasiado específico para ser casual. En aquel lugar, había tres árboles formando un triángulo. Las copas se tocaban entre si, formando también un triángulo con sus copas. Al rededor, el resto de los árboles formaban como una especie de círculo. Como si aquél fuera un lugar mágico dentro de aquel lugar sin mágia ya. Como si fuera el comienzo y final de todo el bosque. Pero, ¿qué tenía de especial realmente ese lugar? Tendrían que averiguarlo.
Por el momento, decidieron saber qué había detrás de él, cómo era su vida, fuera de ese bosque. Así que un día le siguieron, para ver dónde vivía. Con eso de mantener las distancias para que no les descubriera, siempre le acababan perdiendo.

+Cambiemos la táctica

-¿Qué vas a hacer?

+Ahora lo verás.

La princesa salió de su escondite y fue en dirección al extraño. Éste, al verla, la miró con cara de sorprendido, puesto que ni la había visto venir ni de dónde había salido. Ella, con la mejor de sus sonrisas, se acercó con paso seguro hacia él.

+¡Hola! ¿Qué tal? ¿Otra vez por aquí?

-Em.. si, eso parece. Igual que tú, por lo que veo. Hacía mucho que no te veía.

+Si, bueno, lo mismo que yo a ti, más o menos. Oye, ¿cómo te llamas?

-¿Qué es lo que quieres?

+Nada joe, qué desconfiado. Solo te he visto y me he dicho "vamos a saludarle", al fin y al cabo..

-¿Nos vemos mucho como para seguir siendo desconocidos?

+Exacto

-Bueno, a mi me gusta así. Le da intriga al asunto.

+Si bueno.. cómo tú quieras. La verdad es que yo me iba ya, así que..

-Si, yo también. ¿Vamos?

La princesa asintió y empezó a caminar junto a él. La primera parte de su plan había funcionado. Y la segunda.. ¿cuál era la segunda?

viernes, 28 de diciembre de 2012

Estúpido Ángel

Tantas cosas pasan de repente.. sin avisar, sin esperártelo. Donde, como y cuando jamás imaginarías. Y pasa. Y quizá no sabes cuándo exactamente, pero sabes que lo cambió todo.
Ya no es ese muchachito tan gracioso y majo que ves todos los días, ahora es esa sonrisa estúpida en tu cara y las ganas irrefrenables de abrazarle. O más bien de que te abrace. Y cualquier excusa es buena, no te vayas a creer. Hasta que llegas al "porque me apetece". Ahí ya no hay marcha atrás, hagas lo que hagas y pase lo que pase no le volverás a ver igual.
Es tan extraño.. de pronto, todo el eje de tu mundo se mueve, y todo cambia de sentido.Y te da igual el tiempo que haga, la gente que haya delante.. simplemente llega un momento en el que no puedes controlarlo. Ni tampoco evitarlo, te da igual lo que piensen. Es lo que sientes, ¡que digan lo que quieran!
Pero solo tú sientes eso. Estúpido Ángel.. ¡Caíste para protegerle, no para enamorarte! Tarde. ¿Por qué no avisaron esto? Deberían advertir de que algo así podría pasar..
Lo más gracioso, es que de todos los que lo están leyendo, eres tú el único que puede llegar a entenderlo. Irónico. Como todo lo que me rodea, ¿no? :)
Si, supongo. Mi vida suena a comedia barata. No importa. Ante todo, optimismo. Si a mi estas gilipolleces se me pasan rápido..
Y en fin, esas cosas que pasan cuando te enamoras.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (III parte, III capítulo)

Gracias al ángel, en menos de una semana logró construir un pequeño diario en el que iba añadiendo cada detalle que iba recordando.

+Ángel, le tengo que encontrar. No puedo desistir, y ya he perdido mucho tiempo. Voy cada día al mismo lugar y a la misma hora a la que me encontré a ese chico, pero no ha vuelto a pasar. Y no sé dónde más buscar...

-No te preocupes princesa, aparecerá cuando le dejes de buscar. ¿No es así como pasó?

La princesa sonrió. Tenía razón. No debía preocuparse, sabía que su destino era estar juntos, así que en algún momento volverían a encontrarse. "Aunque no está de más echar una manita al destino", pensaba ella.
Pasaron los días y prácticamente había logrado reconstruir la historia completa. Seguía yendo a el bosque cada día a la misma hora, por si acaso pasaba, pero nunca aparecía. Aún así, ella no perdía la esperanza. La había costado mucho despertar de esa pesadilla y volver a tener fe, no la iba a perder por nada. Después de tanto tiempo, había aprendido a esperar.
Salía por las tardes con su ángel, no tenía otro amigo de verdad en realidad, era el único que la comprendía completamente y no se burlaba de ella cada vez que contaba algo fuera de lo que la gente encasilla como "normal". Le debía muchísimo, y se lo hacía ver, o eso intentaba, cada día.
Uno de esos días, en su paseo de por la tarde, la princesa empezó a ponerse nerviosa, sin motivo aparente, ni ella sabía lo que la pasaba.

-Princesa, ¿qué te pasa? ¿Ocurre algo?

+No.. no lo sé.. cre-creo que.. sígueme.

-¡Espera! Pero.. ¿a dónde?

+¿Confías en mi?- el ángel asintió sin dudarlo - Pues no preguntes y sígueme.

La siguió hasta la infinitud del bosque. Prácticamente se sentía perdido dentro. Pero para la princesa, aquél era su verdadero hogar, no podía perderse. De pronto, paró en seco. Se quedó mirando a la nada con los ojos cerrados. Dio unos pasos más y abrió los ojos. Miró al ángel y sonrió.

+Mira, ahí está.

Señaló a una figura que estaba demasiado lejos como para poder distinguir sus rasgos, pero se diferenciaba que era un hombre, de gran estatura y masa corporal. Era un muchacho grande. Ese pequeño punto a lo lejos se empezaba a acercar, despacio, paseando, mirando a su al rededor, disfrutando del paisaje, como si ese bosque fuera parte de él. Y mirando y mirando a su al rededor, descubrió a la princesa y al ángel escondidos. Se acercó sonriendo, muy confiado de si mismo.

-¿Otra vez tú, enana?

+Em.. si, ya ves. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?

-Paso de vez en cuando. Por lo que veo, tú también. ¿O acaso me sigues para espiarme? - se notaba que se aguantaba la risa

+No no, qué va, de hecho ya nos íbamos, ¿verdad que si? Bueno, adiós.

Salió corriendo de nuevo, y se sintió más ridícula que la otra vez incluso.

+¿Has visto sus ojos?

-No, no me he fijado, ¿qué pasa con ellos? ¿Era él entonces?

+No, ese chico no es mi príncipe.

-Entonces, ¿qué tiene de especial?

+Mi príncipe está dentro de él.

Los Dos Eternos (III parte, II capítulo)

+¡Príncipe!

Se despertó en mitad de la noche. Miró el reloj: las cinco en punto. Aún la quedaban un par de horas para que tuviera que levantarse, aunque la daba la sensación de que ya no conseguiría volver a dormir. Había soñado con aquel extraño. Soñaba que se le volvía a encontrar en el mismo lugar. Pero esta vez, en vez de agachar la cabeza cuando él la miraba, le miraba a los ojos. Y veía algo muy extraño.. demasiado.. Vio en sus ojos a su príncipe, a su príncipe gritando, pidiendo auxilio. Y entonces despertó. Comenzó a dar vueltas por su habitación. La entró rabia, desesperación. No sabía que hacer. Parecía un león enjaulado. Comenzó a quitar todo lo que había en sus paredes, hasta dejarlas desnudas. Acto seguido bajó, y se fue con todo lo que acababa de despegar hasta el bosque. Allí, lo quemó. Al volver, cogió un rotulador y comenzó a escribir frases en sus paredes, a hacer dibujos de todos aquellos recuerdos que aún conservaba. En un cuaderno hizo miles de bocetos del rostro de su príncipe, pero no lograba recordarlo. Pasadas unas horas, cada página estaba llena con un nuevo intento fallido. Ni si quiera logró esclarecer un poco más de sus rasgos.

+Esto es lo que soy. Soy los restos de un sueño que con el tiempo se va olvidando. Ahora solo quedo yo...

Decidió empezar a escribir. Contó todo, desde principio a fin, con todo lujo de detalles. Contó cada momento, cada segundo, y se estrujó el cerebro para ello, puesto que, cuanto más escribiera, menos olvidaría. Estaba tan volcada con esta nueva tarea que olvidó por completo los horarios, y a las tantas se durmió, olvidando todo aquello que tenía por hacer en La Terrible Ciudad.
Después de un par de horas, alguien llamó a la puerta. La princesa no lo oyó, ya que seguía dormida. El ángel entró en la habitación. Se asustó un poco al encontrarse con aquel panorama, de papeles arrugados y dibujos sin acabar, de tanta frase y tanto sueño plasmado en las paredes. Y la princesa, tirada en mitad de todo aquel huracán de recuerdos. La despertó suavemente. Cuando terminó de desperezarse, la princesa empezó a ponerse nerviosa, y le contó todo lo sucedido al ángel, incluyendo el por qué había tomado esa decisión y cómo lo pensaba hacer.

-Estoy orgulloso de ti, princesa. Has logrado romper el hechizo de La Terrible Ciudad que te vendaba los ojos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los Dos Eternos (III parte, I capítulo)

Pasó el tiempo, ella seguía yendo a ese lugar, aunque cada vez con menos frecuencia. De tanto pensar y pensar en aquellos momentos, los recuerdos se habían desgastado. A penas podía recordar su rostro.. Y poco a poco fue perdiendo importancia, y con la importancia fue borrándose el dolor, aunque siempre le quedaría una pequeña espinita en el corazón, por muy de acero que éste fuera.
Había hecho una nueva vida con su nueva pareja, y todo parecía ir sobre ruedas. Pero en La Terrible Ciudad no se puede ser feliz. Aunque a veces lo parezca..
Cierto día, no sabría decir cual, estando en el bosque se chocó con un chico de extraña apariencia. Hacía frío, así que supongo que sería verano. Quizá incluso cayera en 5...
Este chico, en el fondo, no tenía nada fuera de lo común, pero a ella se le antojó conocido.

-Mira por dónde vas, enana.

+Si claro.. perdona

No podía parar de mirarlo. Le conocía, estaba segura. ¿Dónde le había visto antes? Qué sensación más extraña... Además, por allí nunca pasaba nadie. Qué extraño..

-Perdona, ¿qué miras?

+Oh, lo siento, perdona, pero creí que.. lo siento, he debido confundirte con alguien.

-Espera, ¿nos conocemos?

+No, no, vamos, creo que no. Sólo me pareció... bueno, da igual, olvídalo. Y perdona por el golpe.

-Nada, no te preocupes...

Ella se alejó corriendo, pero el extraño se quedó parado, mirándola hasta que desapareció en el infinito. Pasado un rato, dibujó una sonrisa torcida en su cara y se alejó en la dirección contraria.
Ella se quedó con esa extraña sensación. Llamó a su chico, quedaron, le contó aquella extraña escena que había vivido en el bosque. Se rió de ella. Siempre la tomaba por loca. Y ella siempre pasaba del tema. Volvió a casa, se leyó un libro, dibujó. No lograba sacarlo de su cabeza. "Pero, ¿quién era? ¿Y qué hacía ahí? Bah, da igual" pensaba sin parar.
Decidió que esa noche se acostaría pronto. Ni si quiera cenó. Tenía un nudo en el estómago que incluso la dificultaba respirar. A pesar de todo, no tardó mucho en dormirse.

Los Dos Eternos (II parte, IV capítulo)

No tardó mucho la princesa en dejar de serlo. Empezó una relación con ese nuevo chico que había entrado en su vida. En el fondo, ella sabía que no la llenaba, ni la llenaría, pero decidió que, si no podía estar con quien quería, al menos le daría una oportunidad a quien la quería.
Y recomenzó su vida, y olvidó a su príncipe, al fin y al cabo, sus recuerdos ya sólo sonaban a despedida, e incluso hizo amigos que ella creía de verdad. Salía con ellos, hablaban de todo y de nada, e incluso a veces la parecía que era feliz. Su mundo volvió a reconstruirse, pero no tomó verdadera forma hasta que encontró a su ángel.
Este ángel, como todos, también venía disfrazado. Tardó mucho más en descubrirlo que lo que tardó con su príncipe, al fin y al cabo su corazón había cambiado. Vestía con camisetas negras, siempre de algún grupo que poca gente conocía o, si acaso, valoraba realmente. Como todas las cosas grandes de este mundo. Junto a él, descubrió muchísimas cosas que eran desconocidas para ella hasta entonces, y confió en alguien por primera vez desde aquel trágico momento que todos conocemos. Confiaba tanto en él, que incluso se atrevió a contarle su amarga historia.

-¿Nunca has pensado que quizá no fuera un sueño?

+Mucho tiempo pensé eso.. pero no puede ser otra cosa. En la vida real las personas no desaparecen sin más, ni existe la mágia, ni los hechizos.. ni el amor verdadero.

-¿Dónde se encuentra ese lugar?

+¿La Luz Encantada?

-Si, ese lugar mágico del que me hablaste, ese lugar vuestro. ¿Dónde está?

+¿Te gustaría conocerlo?

-Me encantaría, la verdad.

+Está bien... sígueme.

En aquel momento, ella no se daba cuenta de que él era otro enviado para salvarla de si misma, una vez más. Le guió hasta aquel lugar, desprovisto de mágia hacía ya mucho tiempo. El ángel lo encontró increíble. Sólo con poner un pie en aquel lugar, ya sonreía, se le iluminó la cara y no ponía nada de su parte para ocultar su emoción.

-Vaya.. realmente, este es un lugar mágico.

+No, no lo es. Solo era un sueño, ya te lo dije.

-No, lo que ocurre es que a veces el paraíso no es un lugar, es una persona. Y a ti te falta esa persona.

+Pero solo fue..

-Imagina por un segundo que fuera real. Imagina que volvieras a encontrarte con él. ¿Qué harías?

+No lo sé.. nada. Si todo eso fuera real, él ni si quiera me recordaría. ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?

-¿No intentarías al menos hablar con él? ¿Recordarle quién eres?

+No lo sé. No lo creo. ¿Por qué te importa tanto?

-Porque te quiero, y porque estoy completamente seguro de que fue real. Y tú lo sabes. Pero te resulta demasiado doloroso como para admitirlo.

No supo qué decir. Pero a partir de aquél día, empezó a ir todas y cada una de las noches a ese lugar. Y le volvió a recordar.. Aunque nunca le volvió a ver.