La historia que voy a contar a continuación, es una historia que conocí por casualidad.
La he seguido muy de cerca, así que espero poder daros todos los detalles que necesitáis saber.
Es una historia de sueños, de mágia y, como no, de amor verdadero.
Hubo una vez un príncipe, pero no de esos de capa y espada. Este príncipe es un tanto peculiar. No viene de la realeza, ni de ningún cuento en realidad. Era un príncipe con botas militares, con cresta en la cabeza, con vaqueros desgastados y chalecos con pegatinas. Su música por bandera. La libertad por lema. Saltaba a la vista que no era un chico corriente, pero solo se daban cuenta aquellos que se atrevían a mirarlo de verdad, y no por el rabillo del ojo, como se miran todas las cosas importantes hoy en día.
Y también hubo una princesa. En realidad, una muchacha que no sabía que lo era. Ésta muchacha tampoco parecía nada. Una chica siempre de negro, siempre con sus cueros y sus cuentos. Nadie la creía nunca. Pelo cortado a mechones sueltos, su presencia no se notaba, así que ni hablemos de su ausencia. Su sonrisa no transmitía nada, dejaba a sus pantalones ajustados, botas altas y chupa de cuero que hablaran por ella.
Pero volvamos con el príncipe. Su presentación fue más de plebeyo, supongo que para pasar desapercibido en La Terrible Ciudad. La princesa nunca supo su nombre, pero si recuerda sus ojos, aunque no más que su sonrisa. Supongo que por eso se fijó en él. En La Terrible Ciudad no se encuentran como esas.
Los primeros días solo habló él. La princesa estaba demasiado contaminada como para contestar a un ángel como se merecía. La Terrible Ciudad ennegrece mucho el alma, y más la vista. Pasados unos días, no pudo evitar fijarse en que siempre estaba al rededor. Donde quiera que mirara, ahí estaba él, con su estupenda sonrisa. Se intuye el final, ¿verdad? Pasado el tiempo acabaron congeniando, ¿dónde estuvo todo este tiempo? Ni si quiera él lo sabe aún...
Le costó mucho cederle su mano, La Terrible Ciudad también hace que desconfíes hasta del más bello ángel, es así de duro. Pero él estaba ahí para salvarla...
Y poco a poco le fue mostrando su mundo, la llevo a sus lugares, tan mágicos como él. Lugares que únicamente podría haber conocido de su mano. Pasaron muchas cosas juntos, hicieron miles de hechizos, la princesa empezó a creer en la mágia, comprendió que su vida empezó a tener sentido cuando se tropezó con él por el camino. Olvidaron La Terrible Ciudad, lugar de locos que se creen cuerdos, y crearon su propio mundo. Un mundo impenetrable, creado de hermosos recuerdos, de fábulas sin moraleja, de sueños a mitad de camino...
+Me has salvado
-¿Salvarte? ¿Yo? ¿De quién? ¿De qué?
+De La Terrible Ciudad, de la contaminación... de mi misma. Me has devuelto la vista.
tiene buena pinta
ResponderEliminarGracias =)
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